sábado, 18 de mayo de 2013

EL ELEFANTE Y EL RATON


Cuando las socios de AMAS se redujeron, su titular tuvo la buena idea de acaparar la atención de un nuevo mercado: "acá hay que hacer una publicidad que convenza a los padres sobre la importancia de que sus hijos tengan cobertura médica" - le expresó a una secretaria de la empresa que se la pasaba enviando whatsapp a su novio. La propuesta resultó interesante para sus concejeros comerciales así que finalmente restaban los elementos del marketing correspondiente.
"¿Pero qué hacemos?" - le preguntó a su empleada al día siguiente. "No se nada, jefe. Usted es el empresario de la ciudad" - respondió la joven que seguía chateando con su pareja. Y el doctor iba de acá para allá en el hall de la empresa esperando que Dios lo iluminara con alguna que otra idea. Finalmente la lamparita de encendió en su cabeza y se sentó frente a la chica para contarle lo que tenía en mente: "ponemos un ratón debajo de las patas de un elefante y con eso llamamos la atención de los padres.”
A la semana, todo estaba preparado para aquella foto. Gracias a unos contactos con los directivos de un reconocido zoológico, el doctor consiguió el préstamo de un elefante al que trajo, junto a un adiestrador, a una de las salas de la empresa. Y por otro lado, un par de trampas caseras al costado de la ruta le bastaron para conseguir una rata que protagonizara el otro rol. Llamó a un fotógrafo amigo y todo se ambientó para la ocasión.
El empresario le dio la orden al adiestrador y este ayudó al elefante a que levantara una de sus patas delantera por unos segundos mientras colocaba en el piso un pedazo de queso; "soltá al ratón" - le ordenó a su secretaria que tenía al roedor dentro de una jaula. La joven destapó la jaula y rápidamente se subió a su silla llena de miedo. El roedor corrió al queso pero antes de que lo fotografiaran, el elefante bajó su pata convirtiéndolo en puré. "¡Nooooo!" - expresó el doctor a sus colabores, "¡hay que ser más rápido en esto!"
Otros médicos se dispusieron a limpiar el piso y despegar con una espátula el cadáver de la rata; mientras que uno de los choferes de la ambulancia salió con la trampa para atrapar otro ratón, uno que comía en la orilla de la ruta a la altura del hospital local. Regresó luego a la empresa, donde todo estaba preparado para una segunda prueba luego de que el adiestrador quitara la mancha de sangre de la pata del enorme animal.
El elefante volvió a levantar su pata y la secretaria liberó al nuevo ratón que también se arrimó para comerse el queso. Pero en ese momento, el fotógrafo tuvo una complicación con su cámara y para cuando hubo de prepararse para tomar la foto, el protagonista terminó su comida y corrió para esconderse de la vista de todos. Entonces el adiestrador motivó a su animal a que volviera a incorporarse en sus cuatro patas esperando la próxima ocasión y el chofer, nuevamente se fue de caza.
En la tercera oportunidad, el nuevo ratón jamás corrió en dirección al queso y en cambio lo hizo hacia donde se encontraba la secretaria de la empresa quien salió a la calle gritando y con sus manos en alto. El chofer salió nuevamente a la ruta con cara larga y regresó con una jaula con cinco roedores, un lagarto, una culebra y una gallina: “de última que pongan una foto de todas las ambulancias que tiene la empresa y listo” – expresó el empleado. A todo esto, su jefe ya estaba más que impaciente y sentado en su sillón ansioso de ver terminado el aviso de sus sueños: “esto es peor que ser secretario de obras públicas” – musitó.
Para cuando cada cosa estaba en su lugar, el elefante se empacó y no quiso levantar su pata ni aun ante la insistente orden de su domador. Su terquedad hizo que el mismo empresario se le acercara, le acariciara la trompa y le hablara a su oreja rogándole que colabore con el proyecto: "querido Dumbo, ¡levantame la patita o te saco a patadas de este lugar!". Finalmente el animal accedió el pedido y dio lugar a la segunda parte.
Como la secretaria terminó internada en la clínica Martins por ataques de nervios, fue un paramédico el que colaboró liberando uno de los ratones. El animalito corrió hacia donde estaba el queso y el fotógrafo lo retrató varias veces ante la mirada del doctor que terminaba por comerse las últimas uñas de sus dedos. "¡Listo las fotos!" - gritó el colaborador asustando al elefante que optó por bajar su pata de manera brusca y dando por terminada con la vida de su antagonista.
Ya sin importarles el final del roedor, el doctor corrió a ver la imagen en la pantalla de la cámara. Pasó su mano por el mentón y luego le indicó al colaborador: “No me convence la cara de la rata… con photoshop ponele ojos verdes, por favor.”
Finalmente el trabajo quedó por terminado y con otros agregados publicitarios, la campaña se lanzó a la calle con la fotografías que captó la atención de cientos de transeúntes pese a que desconocían toda la odisea que hubo para su armado.


Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 18/05/2013

No hay comentarios:

Publicar un comentario