Cuando las socios de
AMAS se redujeron, su titular tuvo la buena idea de acaparar la atención de un
nuevo mercado: "acá hay que hacer una publicidad que convenza a los padres
sobre la importancia de que sus hijos tengan cobertura médica" - le
expresó a una secretaria de la empresa que se la pasaba enviando whatsapp a su
novio. La propuesta resultó interesante para sus concejeros comerciales así que
finalmente restaban los elementos del marketing correspondiente.
"¿Pero qué
hacemos?" - le preguntó a su empleada al día siguiente. "No se nada,
jefe. Usted es el empresario de la ciudad" - respondió la joven que seguía
chateando con su pareja. Y el doctor iba de acá para allá en el hall de la
empresa esperando que Dios lo iluminara con alguna que otra idea. Finalmente la
lamparita de encendió en su cabeza y se sentó frente a la chica para contarle
lo que tenía en mente: "ponemos un ratón debajo de las patas de un elefante
y con eso llamamos la atención de los padres.”
A la semana, todo
estaba preparado para aquella foto. Gracias a unos contactos con los directivos
de un reconocido zoológico, el doctor consiguió el préstamo de un elefante al
que trajo, junto a un adiestrador, a una de las salas de la empresa. Y por otro
lado, un par de trampas caseras al costado de la ruta le bastaron para
conseguir una rata que protagonizara el otro rol. Llamó a un fotógrafo amigo y
todo se ambientó para la ocasión.
El empresario le dio
la orden al adiestrador y este ayudó al elefante a que levantara una de sus
patas delantera por unos segundos mientras colocaba en el piso un pedazo de
queso; "soltá al ratón" - le ordenó a su secretaria que tenía al
roedor dentro de una jaula. La joven destapó la jaula y rápidamente se subió a
su silla llena de miedo. El roedor corrió al queso pero antes de que lo
fotografiaran, el elefante bajó su pata convirtiéndolo en puré.
"¡Nooooo!" - expresó el doctor a sus colabores, "¡hay que ser
más rápido en esto!"
Otros médicos se
dispusieron a limpiar el piso y despegar con una espátula el cadáver de la rata;
mientras que uno de los choferes de la ambulancia salió con la trampa para
atrapar otro ratón, uno que comía en la orilla de la ruta a la altura del
hospital local. Regresó luego a la empresa, donde todo estaba preparado para
una segunda prueba luego de que el adiestrador quitara la mancha de sangre de
la pata del enorme animal.
El elefante volvió a
levantar su pata y la secretaria liberó al nuevo ratón que también se arrimó
para comerse el queso. Pero en ese momento, el fotógrafo tuvo una complicación
con su cámara y para cuando hubo de prepararse para tomar la foto, el
protagonista terminó su comida y corrió para esconderse de la vista de todos.
Entonces el adiestrador motivó a su animal a que volviera a incorporarse en sus
cuatro patas esperando la próxima ocasión y el chofer, nuevamente se fue de
caza.
En la tercera
oportunidad, el nuevo ratón jamás corrió en dirección al queso y en cambio lo
hizo hacia donde se encontraba la secretaria de la empresa quien salió a la
calle gritando y con sus manos en alto. El chofer salió nuevamente a la ruta
con cara larga y regresó con una jaula con cinco roedores, un lagarto, una
culebra y una gallina: “de última que pongan una foto de todas las ambulancias
que tiene la empresa y listo” – expresó el empleado. A todo esto, su jefe ya
estaba más que impaciente y sentado en su sillón ansioso de ver terminado el
aviso de sus sueños: “esto es peor que ser secretario de obras públicas” –
musitó.
Para cuando cada cosa
estaba en su lugar, el elefante se empacó y no quiso levantar su pata ni aun
ante la insistente orden de su domador. Su terquedad hizo que el mismo
empresario se le acercara, le acariciara la trompa y le hablara a su oreja
rogándole que colabore con el proyecto: "querido Dumbo, ¡levantame la
patita o te saco a patadas de este lugar!". Finalmente el animal accedió
el pedido y dio lugar a la segunda parte.
Como la secretaria
terminó internada en la clínica Martins por ataques de nervios, fue un
paramédico el que colaboró liberando uno de los ratones. El animalito corrió
hacia donde estaba el queso y el fotógrafo lo retrató varias veces ante la
mirada del doctor que terminaba por comerse las últimas uñas de sus dedos. "¡Listo
las fotos!" - gritó el colaborador asustando al elefante que optó por
bajar su pata de manera brusca y dando por terminada con la vida de su
antagonista.
Ya sin importarles el
final del roedor, el doctor corrió a ver la imagen en la pantalla de la cámara.
Pasó su mano por el mentón y luego le indicó al colaborador: “No me convence la
cara de la rata… con photoshop ponele ojos verdes, por favor.”
Finalmente el trabajo
quedó por terminado y con otros agregados publicitarios, la campaña se lanzó a
la calle con la fotografías que captó la atención de cientos de transeúntes
pese a que desconocían toda la odisea que hubo para su armado.
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