Determinado día todas
las actividades del palacio municipal se suspendieron permitiendo que, en
privado, el intendente se reuniera junto a sus secretarios con el objetivo de
diseñar la lista oficial para las próximas elecciones. Usaron una mesa larga
encabezada por el máximo funcionario y a cada lado de la misma, se sentaron los
diferentes miembros del gabinete.
"Yo creo ser la
persona más preparada para encabezar la lista para concejal" - expresó una
de las secretaria a su jefe que no dejaba de hablar por celular. Cuando el
intendente dirigió su mirada analizando sus palabras, otros de sus secretarios
salió al cruce: "señor intendente, no se olvide que ella fue candidata en
un principio con otra lista de la interna y luego quedó incorporada solo por el
cupo femenino... ¡yo creo ser el candidato ideal! ¡Usted ha visto cuántas cosas
hemos hechos a favor de la cultura!"
Fue allí cuando otros
de los funcionarios frenó a su compañero tomando la palabra: "Sí, pero
todo lo hecho en cultura fue hecho gracias a mi ayuda y al aporte de mis
ideas... sr. intendente, me tiene que dar la oportunidad a mi de ser candidato." El máximo
funcionario miraba a cada uno de ellos entre sus cruces de palabras mientras
rascaba su cabellera y se disponía a agarrar una masa seca para llevársela a la
boca.
"¡Yo creo ser el
candidato ideal!" - expresó con vos fuerte otro funcionario haciendo que
el intendente se atragante con la masita; "soy la persona que más ideas
aporta en el palacio y estoy pensando siempre en capacitaciones y nuevos
proyectos". Pero sus expresiones hicieron que otra de las mujeres,
mientras se mordía sus labios, manifestara: "¡Y el que más problemas le ha
traído también! A mí me gustaría ser candidata pero tengo miedo a ganar y a
tener que trabajar... mejor me quedo por dos años más, donde estoy."
La primera en hablar,
nuevamente hizo uso de la palabra: "además mire, sr. intendente, el
transito es una maravilla en la ciudad... la gente está muy contenta porque
todo está en orden realmente. ¡Y no se olvide de lo mucho que hemos recaudado
gracias a las infracciones que se han labrado en los últimos tiempos! Insisto
que ese puesto me toca a mí. Además siempre soy la persona que está a su lado
cuando hay reuniones."
"¡Eso es
mentira!" - gritó otra de las secretarias, "siempre llegás tarde a
todas las reuniones. La única persona que está a su lado en los actos públicos
soy yo". Otra dama sacó la calculadora y preguntó: "A propósito, ¿qué
es un acto público? Acá lo que vale es todo lo que he hecho yo para poder
subsistir económicamente... gracias a mí, sr. intendente, la ciudad no para de
crecer."
"Si fuera por las
obras publicas" - manifestó otro miembro del gabinete, "entonces el
candidato soy yo. Conozco las calles de la ciudad mejor que nadie aunque últimamente
no salgo a recorrerlas porque se me arruina mucho mi camioneta por las
cantidades de baches. Pero no tiene ni idea lo linda que quedó la plantita que coloqué
con mi familia camino al acceso."
Otro secretario se
puso de pie acaparando la mirada de todos inclusive la del propio intendente
que aun no salía del atraganto; "si es por quien conoce las calles, ese
soy yo" - manifestó; "la gente necesitada sabe que siempre estoy ahí
para cuando me necesiten. El galpón es la cartelera que más activa está de
todas, me parece a mí. Y si usted me lo permite, intendente, quiero ocupar ese
lugar."
"¡Eso no es
justo!" - manifestó otro funcionario que aprovechaba a sacar fotos de la
reunión, "soy su mejor amigo y además, ¡me lo prometió hace cuatro años
atrás! ¡Si usted no me garantiza ese lugar en la lista, me voy a escribir para
el semanario La Posta que me ha ofrecido un lugarcito!" Y otros de sus
compañeros salieron al cruce tratándo de ponerlo en aprieto al máximo
funcionario.
Así fue como el tono
de la reunión fue subiendo y todos comenzaron a gritarse, enojarse y manifestar
que eran cada uno de ellos, el mejor candidato que podía tener el oficialismo.
"Además, sr intendente, ella ni siquiera me saluda cuando va manejando por
la calle... ¡qué clase de persona es!" - acusó una secretaria a otra. Y
fue tanta la euforia despertada en el lugar, que el intendente se puso se pie
golpeando con sus puños la mesa logrando el silencio en la sala.
"¡Esto no da para
más! Acá les dejo unos papelitos y unas biromes y cada uno debe poner un
nombre... el que mas voto tiene, ese será el candidato" - manifestó el
funcionario mientras entregaba a cada uno un papelito cortado a mano del
resultado de una hoja a4 doblada en partes iguales.
Todos en silencio
votaron y el jefe del ejecutivo pasó a retirar los papelitos colocándolos en
una bolsita del supermercado Arco Iris. Comenzó a abrir cada uno de ellos y
anotar los nombres en un pizarrón. Algunos de sus funcionarios seguían el
escrutinio enojados y otros, felices viendo los resultados parciales.
Finalmente, hubo un humilde aplauso cuando la elección quedó cerrada: "los
seis más votados conformarán la lista."
A los pocos minutos,
mientras el funcionario que iba a encabezar la lista se emocionaba en el salón
de las lágrimas, el intendente salía al balcón del palacio municipal para
anunciar ante la multitud de radicales, socialistas y demás: "habemus
candidato."
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