lunes, 20 de mayo de 2013

HABEMUS CANDIDATO


Determinado día todas las actividades del palacio municipal se suspendieron permitiendo que, en privado, el intendente se reuniera junto a sus secretarios con el objetivo de diseñar la lista oficial para las próximas elecciones. Usaron una mesa larga encabezada por el máximo funcionario y a cada lado de la misma, se sentaron los diferentes miembros del gabinete.
"Yo creo ser la persona más preparada para encabezar la lista para concejal" - expresó una de las secretaria a su jefe que no dejaba de hablar por celular. Cuando el intendente dirigió su mirada analizando sus palabras, otros de sus secretarios salió al cruce: "señor intendente, no se olvide que ella fue candidata en un principio con otra lista de la interna y luego quedó incorporada solo por el cupo femenino... ¡yo creo ser el candidato ideal! ¡Usted ha visto cuántas cosas hemos hechos a favor de la cultura!"
Fue allí cuando otros de los funcionarios frenó a su compañero tomando la palabra: "Sí, pero todo lo hecho en cultura fue hecho gracias a mi ayuda y al aporte de mis ideas... sr. intendente, me tiene que dar la oportunidad  a mi de ser candidato." El máximo funcionario miraba a cada uno de ellos entre sus cruces de palabras mientras rascaba su cabellera y se disponía a agarrar una masa seca para llevársela a la boca.
"¡Yo creo ser el candidato ideal!" - expresó con vos fuerte otro funcionario haciendo que el intendente se atragante con la masita; "soy la persona que más ideas aporta en el palacio y estoy pensando siempre en capacitaciones y nuevos proyectos". Pero sus expresiones hicieron que otra de las mujeres, mientras se mordía sus labios, manifestara: "¡Y el que más problemas le ha traído también! A mí me gustaría ser candidata pero tengo miedo a ganar y a tener que trabajar... mejor me quedo por dos años más, donde estoy."
La primera en hablar, nuevamente hizo uso de la palabra: "además mire, sr. intendente, el transito es una maravilla en la ciudad... la gente está muy contenta porque todo está en orden realmente. ¡Y no se olvide de lo mucho que hemos recaudado gracias a las infracciones que se han labrado en los últimos tiempos! Insisto que ese puesto me toca a mí. Además siempre soy la persona que está a su lado cuando hay reuniones."
"¡Eso es mentira!" - gritó otra de las secretarias, "siempre llegás tarde a todas las reuniones. La única persona que está a su lado en los actos públicos soy yo". Otra dama sacó la calculadora y preguntó: "A propósito, ¿qué es un acto público? Acá lo que vale es todo lo que he hecho yo para poder subsistir económicamente... gracias a mí, sr. intendente, la ciudad no para de crecer."
"Si fuera por las obras publicas" - manifestó otro miembro del gabinete, "entonces el candidato soy yo. Conozco las calles de la ciudad mejor que nadie aunque últimamente no salgo a recorrerlas porque se me arruina mucho mi camioneta por las cantidades de baches. Pero no tiene ni idea lo linda que quedó la plantita que coloqué con mi familia camino al acceso."
Otro secretario se puso de pie acaparando la mirada de todos inclusive la del propio intendente que aun no salía del atraganto; "si es por quien conoce las calles, ese soy yo" - manifestó; "la gente necesitada sabe que siempre estoy ahí para cuando me necesiten. El galpón es la cartelera que más activa está de todas, me parece a mí. Y si usted me lo permite, intendente, quiero ocupar ese lugar."
"¡Eso no es justo!" - manifestó otro funcionario que aprovechaba a sacar fotos de la reunión, "soy su mejor amigo y además, ¡me lo prometió hace cuatro años atrás! ¡Si usted no me garantiza ese lugar en la lista, me voy a escribir para el semanario La Posta que me ha ofrecido un lugarcito!" Y otros de sus compañeros salieron al cruce tratándo de ponerlo en aprieto al máximo funcionario.
Así fue como el tono de la reunión fue subiendo y todos comenzaron a gritarse, enojarse y manifestar que eran cada uno de ellos, el mejor candidato que podía tener el oficialismo. "Además, sr intendente, ella ni siquiera me saluda cuando va manejando por la calle... ¡qué clase de persona es!" - acusó una secretaria a otra. Y fue tanta la euforia despertada en el lugar, que el intendente se puso se pie golpeando con sus puños la mesa logrando el silencio en la sala.
"¡Esto no da para más! Acá les dejo unos papelitos y unas biromes y cada uno debe poner un nombre... el que mas voto tiene, ese será el candidato" - manifestó el funcionario mientras entregaba a cada uno un papelito cortado a mano del resultado de una hoja a4 doblada en partes iguales.
Todos en silencio votaron y el jefe del ejecutivo pasó a retirar los papelitos colocándolos en una bolsita del supermercado Arco Iris. Comenzó a abrir cada uno de ellos y anotar los nombres en un pizarrón. Algunos de sus funcionarios seguían el escrutinio enojados y otros, felices viendo los resultados parciales. Finalmente, hubo un humilde aplauso cuando la elección quedó cerrada: "los seis más votados conformarán la lista."
A los pocos minutos, mientras el funcionario que iba a encabezar la lista se emocionaba en el salón de las lágrimas, el intendente salía al balcón del palacio municipal para anunciar ante la multitud de radicales, socialistas y demás: "habemus candidato."



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