El gordo mortadela propuso hacer un viajecito a
Uruguay junto a su esposa para amortiguar el mal momento de expulsión que
habían pasado en el partido de Unión. Lo que no se iba a imaginar es que
también se sumaría su suegra Dina que luego de que su hija le comentara que
irían en auto, manifestó: "seguro que el imbécil de tu novio nos estrella
por ahí y terminamos todos muertos."
Durante los siguientes días Adán se ocupó de
conseguir un auto prestado para el viaje hasta que arregló con su amigo, el
rengo, que le prestó su Fiat Spazio. Para conducir más cómodo, el gordo optó
por quitar totalmente el asiento aunque aun así, dentro del coche iba bien
apretado como sardina, su concubina de acompañante y su suegra en el asiento de
atrás.
Y así vestido con una camiseta de Unión, el gordo
emprendió el viaje un sábado bien temprano luego de cargar el coche con sus
bolsos. Luego pasaron a buscar a su suegra que ni siquiera saludó a su yerno y
se persignó al entrar en el vehículo; se sentó y sacó un ejemplar de La Posta
para enterarse de los titulares. Adán miró a Dina reflejada en el espejo
retrovisor y frunció su ceño.
Ya en Colón se bajó para hacer los trámites para
cruzar la frontera. Con mucha fuerza salió del coche y presentó la
documentación en migraciones:
- ¿Su nombre? - le preguntó el empleado federal.
- ¿Su nombre? - le preguntó el empleado federal.
- Adán.
- ¿El de su esposa?
- Eva.
El empleado levantó la mirada de los papeles y
sonrió. "¡Que casualidad! Adán y Eva" - expresó; "¡no me diga
que también hay una víbora en el auto."
"Sí, mi suegra" - informó el gordo
mortadela brindando la información necesaria que le permitió salir del país
para visitar Uruguay. Del otro lado de la frontera, Adán quiso convencer a su
suegra a que hiciera paracaidismo y aladeltismo, pero no tuvo suerte. Y hasta
intentó exponerla a un deporte extremo para atarla de los pies y obligarla a
que salte de un puente. Pero Dina jamás aceptó las invitaciones de su yerno.
Sin la suerte a su favor, el gordo mortadela
regresó a Arroyo Seco con su suegra y su esposa. Devolvió el rodado a su amigo,
el rengo, y finalmente se resignó a la situación. "Gordo, el domingo juega
el panza de local... ¡no podes faltar!" - le manifestó el rengo que le
propuso que se vistiera de mujer, haciéndose pasar por su madre, para evitar nuevamente
el repudio de la tribuna.
Así es como ese domingo cerca del mediodía, el
gordo mortadela cayó en casa del rengo quien ya le había separado la ropa de su
madre. "Nadie te va a reconocer así" - le expresó su amigo, "mi
vieja era igual a vos." Entonces el gordo se vistió con una blusa rosa, un
calzón, un jeans rojo y una peluca rubia. Finalmente se puso unas botas
marrones y pintó sus labios de color rojo al estilo Zulma Lobato.
"Estoy frito así" - comentó
"Mortadela" ante la mirada de su amigo que lo motivo a que de esa
manera pasaría desapercibido dentro de la 14 y poder así disfrutar del
encuentro sin problemas. Se subieron al auto y se dirigieron a la cancha.
Cuando descendió del auto, Adán se acomodó su peluca y sintió cada vez mas
cerca el batifondo de la hinchada panza que se acercaba al lugar.
"¡Cuidado muchachos! Hoy vine con mi
vieja" - les dijo el rengo a los que encabezaban la 14 con bombos en mano.
Y el gordo mortadela acompañó su presentación con un simple meneo de su mano
derecha. Y todos entraron al estadio para ocupar el lugar adecuado en la
tribuna local.
Cuando el equipo panza entró a la cancha, toda la
hinchada estallo en una fiesta y Adán saltó de las gradas acompañado de la
avalancha que desenrolló una enorme bandera. "Tranquilo gordo porque se
van a dar cuenta que no sos mi vieja" - le murmuró el rengo. Rápidamente
mortadela tomó asiento y se aguantó las ganas de alentar a su equipo con todas
las garras.
Así también los colores de las bengalas cubrieron
la tribuna y el gordo aprovechó entre la nube a acomodarse el calzón que se le
había perdido en su trasero. Fue en ese momento cuando otro simpatizante panza,
conocido como el gordo Corneta, se le acercó y le dijo al oído lo hermosa que
estaba; "Si queres te acomodo yo tu ropa interior" - le expresó.
Cuando la nube se disipó, aparecieron todos los hinchas en sus lugares salvó
Corneta que terminó tirado detrás de la tribuna mientras un policía lo
observaba buscando una explicación a lo sucedido.
(Continua en la
próxima edición)
La Posta Hoy - 22/06/2013
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