sábado, 22 de junio de 2013

EL GORDO MORTADELA V


El gordo mortadela propuso hacer un viajecito a Uruguay junto a su esposa para amortiguar el mal momento de expulsión que habían pasado en el partido de Unión. Lo que no se iba a imaginar es que también se sumaría su suegra Dina que luego de que su hija le comentara que irían en auto, manifestó: "seguro que el imbécil de tu novio nos estrella por ahí y terminamos todos muertos."
Durante los siguientes días Adán se ocupó de conseguir un auto prestado para el viaje hasta que arregló con su amigo, el rengo, que le prestó su Fiat Spazio. Para conducir más cómodo, el gordo optó por quitar totalmente el asiento aunque aun así, dentro del coche iba bien apretado como sardina, su concubina de acompañante y su suegra en el asiento de atrás.
Y así vestido con una camiseta de Unión, el gordo emprendió el viaje un sábado bien temprano luego de cargar el coche con sus bolsos. Luego pasaron a buscar a su suegra que ni siquiera saludó a su yerno y se persignó al entrar en el vehículo; se sentó y sacó un ejemplar de La Posta para enterarse de los titulares. Adán miró a Dina reflejada en el espejo retrovisor y frunció su ceño.
Ya en Colón se bajó para hacer los trámites para cruzar la frontera. Con mucha fuerza salió del coche y presentó la documentación en migraciones:
- ¿Su nombre? - le preguntó el empleado federal.
- Adán.
- ¿El de su esposa?
- Eva.
El empleado levantó la mirada de los papeles y sonrió. "¡Que casualidad! Adán y Eva" - expresó; "¡no me diga que también hay una víbora en el auto."
"Sí, mi suegra" - informó el gordo mortadela brindando la información necesaria que le permitió salir del país para visitar Uruguay. Del otro lado de la frontera, Adán quiso convencer a su suegra a que hiciera paracaidismo y aladeltismo, pero no tuvo suerte. Y hasta intentó exponerla a un deporte extremo para atarla de los pies y obligarla a que salte de un puente. Pero Dina jamás aceptó las invitaciones de su yerno.
Sin la suerte a su favor, el gordo mortadela regresó a Arroyo Seco con su suegra y su esposa. Devolvió el rodado a su amigo, el rengo, y finalmente se resignó a la situación. "Gordo, el domingo juega el panza de local... ¡no podes faltar!" - le manifestó el rengo que le propuso que se vistiera de mujer, haciéndose pasar por su madre, para evitar nuevamente el repudio de la tribuna.
Así es como ese domingo cerca del mediodía, el gordo mortadela cayó en casa del rengo quien ya le había separado la ropa de su madre. "Nadie te va a reconocer así" - le expresó su amigo, "mi vieja era igual a vos." Entonces el gordo se vistió con una blusa rosa, un calzón, un jeans rojo y una peluca rubia. Finalmente se puso unas botas marrones y pintó sus labios de color rojo al estilo Zulma Lobato.
"Estoy frito así" - comentó "Mortadela" ante la mirada de su amigo que lo motivo a que de esa manera pasaría desapercibido dentro de la 14 y poder así disfrutar del encuentro sin problemas. Se subieron al auto y se dirigieron a la cancha. Cuando descendió del auto, Adán se acomodó su peluca y sintió cada vez mas cerca el batifondo de la hinchada panza que se acercaba al lugar.
"¡Cuidado muchachos! Hoy vine con mi vieja" - les dijo el rengo a los que encabezaban la 14 con bombos en mano. Y el gordo mortadela acompañó su presentación con un simple meneo de su mano derecha. Y todos entraron al estadio para ocupar el lugar adecuado en la tribuna local.
Cuando el equipo panza entró a la cancha, toda la hinchada estallo en una fiesta y Adán saltó de las gradas acompañado de la avalancha que desenrolló una enorme bandera. "Tranquilo gordo porque se van a dar cuenta que no sos mi vieja" - le murmuró el rengo. Rápidamente mortadela tomó asiento y se aguantó las ganas de alentar a su equipo con todas las garras.
Así también los colores de las bengalas cubrieron la tribuna y el gordo aprovechó entre la nube a acomodarse el calzón que se le había perdido en su trasero. Fue en ese momento cuando otro simpatizante panza, conocido como el gordo Corneta, se le acercó y le dijo al oído lo hermosa que estaba; "Si queres te acomodo yo tu ropa interior" - le expresó. Cuando la nube se disipó, aparecieron todos los hinchas en sus lugares salvó Corneta que terminó tirado detrás de la tribuna mientras un policía lo observaba buscando una explicación a lo sucedido.


(Continua en la próxima edición)

La Posta Hoy - 22/06/2013

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