A los 39 años, el
gordo Adán dejaba su vida de soltero y se juntaba con una flaca llamada Eva,
estudiante de psicología, y no tardaron en llegar los primeros cambios en su
rutina. "¿Tenes que ir hoy a la cancha? ¿Por qué no venis conmigo a tomar
mates a la placita?" - le cuestionó ella mientras preparaba el equipo de
mate. Viendo que la relación recién tomaba forma, aceptó la invitación aunque
se llevó los auriculares para escuchar desde su celular el relato del partido
del panza recibiendo a Talleres en su cancha.
Y allí estaban;
sentados cerca de los jueguitos de calle Independencia. Ella sirviéndole mates
sin ninguna conversación de por medio mientras que el estaba en su mundo
escuchando la radio. Para cuando el relator indicaba que un delantero panza se
aceraba al área contraria, "mortadela" se ponía en pie a punto de
gritar el primer gol del encuentro. La pelota pegó en el travesaño y el gordo
terminó por dar un grito con el que asustó a varios pibes que jugaban en las
hamacas que corrieron a los brazos de sus madres.
A los veinte minutos
de comenzado el partido, su esposa le quita el auricular y le dice que se valla
a la cancha. Para cuando Eva terminaba de hablar, "mortadela" cruzaba
la vía corriendo en dirección al CAU. Aunque su peso no lo favorecía, sacó
fuerzas de donde no tenía y llego al estadio casi sin aliento y agarrado de las
paredes. Se abrazó al rengo, su amigo, y cobró aliento con una cerveza para
comenzar a alentar junto a la 14. "Gordo, la tribuna no era la misma hasta
que llegaste" - le manifestó el rengo con lagrimas en sus ojos y lleno de
emoción; "¡no te cases nunca!"
Y la fiesta estalló cuando el panza hizo el primer gol del triunfo y
miles de papelitos cayeron sobre su cabeza.
También llegaron los
cambios a la casa. Cuando Adán llegó a su casa se encontró con todas sus cosas
en orden e inclusive con un florero con pensamientos de centro de mesa. La
pieza ya no olía a pies y ropa interior sino a aroma de primavera. Sus
zapatillas estaban debajo de la cama y no había medias ni remeras ni restos de
pizza desparramadas por el piso. Primero dudo si aquella era realmente su casa
pero cuando vio a su compañera entrar, recordó su estado de concubinato. La
transformación mas fuerte la sufrió cuando miró debajo del televisor y no
encontró su consola, "te guardé la play en una caja y la puse sobre el
ropero... ya sos grande para esas cosas"- le comunicó la flaca.
"Mortadela" se fue a dormir con un sabor amargo en su garganta y sin
pronunciar ninguna palabra como soldado que se retira de una guerra tras
perderla.
A la media noche, su
pareja llega a la cama con un ropa interior muy provocativa y el rápidamente se
sienta en la cama para apostar a una noche romántica. Ella, muy feliz, le tira
con su almohadón y el gordo responde con lo mismo; aunque éste no mide la
fuerza y cuando le arroja con su almohada la termina por noquear dejándola
tirada boca abajo en el piso y con la lengua afuera. Mortadela se agarra la
cabeza: “¿Amor, estas bien?” – le pregunta. Y a la falta de respuestas, acomoda
su parte de la cama y se duerme. Recién al otro día, la flaca se despierta muy
desconcertada sin entender lo que había pasado.
“¿Vos estas seguro de
lo que estás haciendo?” – le pregunta el rengo mientas tomaban una cerveza en
la sede del club de sus amores. “No sé, rengo, pero creo que me enamoré… así
es, esta mina me robó el corazón” – le responde el gordo que antes de volver a
casa apostó a su lado más romántico y pasó por un almacén para comprarle algo a
su amada. “¿Un salamín me trajiste?” – le cuestionó ella mientras abría el
obsequio; “gracias pero no me gustan estas cosas.”
Mortadela se enganchó
con una película de acción comiendo el único salamín que había para la cena
mientras ella se fue a la cama. Para cuando terminó el film, el gordo salió
tirando patadas al aire, se quitó la ropa y de un saltó quedó de pie en la
cama: “acá me tenes, ¡mi vida!” – le gritó despertando a su pareja. Pero al
instante, las patas cedieron al peso y la cama terminó por desplomarse en el
piso con un gran ruido que hizo que los vecinos vinieran a preguntar si algo
malo les había ocurrido.
El mismo rengo se había enterado del ruido viviendo en la otra punta de
la ciudad y a la tarde del día siguiente le consultó a su amigo si se
encontraba bien. Luego le recordó que el próximo domingo el CAU iba de
visitante contra el CAJU de P. Esther “ahí vamos a estar” – le informó
mortadela olvidando, por momentos, que ese mismo día debía hacer el asado y
atender a su suegra que vendría a visitarlo.
(Continúa en la
próxima edición)
Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 01/06/2013
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