sábado, 1 de junio de 2013

EL GORDO MORTADELA II



A los 39 años, el gordo Adán dejaba su vida de soltero y se juntaba con una flaca llamada Eva, estudiante de psicología, y no tardaron en llegar los primeros cambios en su rutina. "¿Tenes que ir hoy a la cancha? ¿Por qué no venis conmigo a tomar mates a la placita?" - le cuestionó ella mientras preparaba el equipo de mate. Viendo que la relación recién tomaba forma, aceptó la invitación aunque se llevó los auriculares para escuchar desde su celular el relato del partido del panza recibiendo a Talleres en su cancha.
Y allí estaban; sentados cerca de los jueguitos de calle Independencia. Ella sirviéndole mates sin ninguna conversación de por medio mientras que el estaba en su mundo escuchando la radio. Para cuando el relator indicaba que un delantero panza se aceraba al área contraria, "mortadela" se ponía en pie a punto de gritar el primer gol del encuentro. La pelota pegó en el travesaño y el gordo terminó por dar un grito con el que asustó a varios pibes que jugaban en las hamacas que corrieron a los brazos de sus madres.
A los veinte minutos de comenzado el partido, su esposa le quita el auricular y le dice que se valla a la cancha. Para cuando Eva terminaba de hablar, "mortadela" cruzaba la vía corriendo en dirección al CAU. Aunque su peso no lo favorecía, sacó fuerzas de donde no tenía y llego al estadio casi sin aliento y agarrado de las paredes. Se abrazó al rengo, su amigo, y cobró aliento con una cerveza para comenzar a alentar junto a la 14. "Gordo, la tribuna no era la misma hasta que llegaste" - le manifestó el rengo con lagrimas en sus ojos y lleno de emoción; "¡no te cases nunca!"  Y la fiesta estalló cuando el panza hizo el primer gol del triunfo y miles de papelitos cayeron sobre su cabeza.
También llegaron los cambios a la casa. Cuando Adán llegó a su casa se encontró con todas sus cosas en orden e inclusive con un florero con pensamientos de centro de mesa. La pieza ya no olía a pies y ropa interior sino a aroma de primavera. Sus zapatillas estaban debajo de la cama y no había medias ni remeras ni restos de pizza desparramadas por el piso. Primero dudo si aquella era realmente su casa pero cuando vio a su compañera entrar, recordó su estado de concubinato. La transformación mas fuerte la sufrió cuando miró debajo del televisor y no encontró su consola, "te guardé la play en una caja y la puse sobre el ropero... ya sos grande para esas cosas"- le comunicó la flaca. "Mortadela" se fue a dormir con un sabor amargo en su garganta y sin pronunciar ninguna palabra como soldado que se retira de una guerra tras perderla.
A la media noche, su pareja llega a la cama con un ropa interior muy provocativa y el rápidamente se sienta en la cama para apostar a una noche romántica. Ella, muy feliz, le tira con su almohadón y el gordo responde con lo mismo; aunque éste no mide la fuerza y cuando le arroja con su almohada la termina por noquear dejándola tirada boca abajo en el piso y con la lengua afuera. Mortadela se agarra la cabeza: “¿Amor, estas bien?” – le pregunta. Y a la falta de respuestas, acomoda su parte de la cama y se duerme. Recién al otro día, la flaca se despierta muy desconcertada sin entender lo que había pasado.
“¿Vos estas seguro de lo que estás haciendo?” – le pregunta el rengo mientas tomaban una cerveza en la sede del club de sus amores. “No sé, rengo, pero creo que me enamoré… así es, esta mina me robó el corazón” – le responde el gordo que antes de volver a casa apostó a su lado más romántico y pasó por un almacén para comprarle algo a su amada. “¿Un salamín me trajiste?” – le cuestionó ella mientras abría el obsequio; “gracias pero no me gustan estas cosas.”
Mortadela se enganchó con una película de acción comiendo el único salamín que había para la cena mientras ella se fue a la cama. Para cuando terminó el film, el gordo salió tirando patadas al aire, se quitó la ropa y de un saltó quedó de pie en la cama: “acá me tenes, ¡mi vida!” – le gritó despertando a su pareja. Pero al instante, las patas cedieron al peso y la cama terminó por desplomarse en el piso con un gran ruido que hizo que los vecinos vinieran a preguntar si algo malo les había ocurrido.
El mismo rengo se había enterado del ruido viviendo en la otra punta de la ciudad y a la tarde del día siguiente le consultó a su amigo si se encontraba bien. Luego le recordó que el próximo domingo el CAU iba de visitante contra el CAJU de P. Esther “ahí vamos a estar” – le informó mortadela olvidando, por momentos, que ese mismo día debía hacer el asado y atender a su suegra que vendría a visitarlo.

(Continúa en la próxima edición)

Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 01/06/2013

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