Diez días habían pasado desde que Adán, más conocido por el gordo mortadela,
había iniciado su nueva vida conviviendo con una dama que de a poco fue
cambiando cada aspecto de su andar diario. Pero lo que nada podía cambiar era
su pasión por el panza y la concurrencia cada domingo a la cancha junto a la
14. No obstante, pequeño problema se le originó cuando el día que iba a hacer
un asado por la visita de su suegra coincidía con un importante partido del CAU
visitando al CAJU de P. Esther.
“Yo ya le dije a mi mamá que ibas a hacer un asado… ¡no te podes ir! Y
si te vas, te olvidas de que existo” – le advirtió su flamante mujer. Y por el
otro lado, a su celular llegó el mensaje de su amigo, el rengo, diciéndole:
“Mortadela, sino venís este domingo voy a pensar que sos un dominado.”
Al día siguiente el gordo pasó toda la hora de su jornada laboral
pensando qué hacer el domingo siguiente sin dañar la hermosa relación de amor
ni quedar mal con su compañero de cancha. Era la primera vez que una mujer lo
ponía frente a esa difícil decisión. Finalmente, y sabiendo que el partido
comenzaba a las 13:30 hs, decidió seguir con la parrillada para su suegra y
luego viajar a ver el partido.
Como hacia tiempo que no ocurría, ese viernes el gordo abandonó a sus
amigos del pool y llevó a la flaca a tomar un helado en Grido. “¡Mortadela
dominado!” – le gritaron desde un Fiat Uno que pasaba por la calle 9 de Julio.
Pero sin necesidad de dar explicaciones, el panza siguió con su paseo romántico
poniendo un poco de su helado en el cucurucho de su amada.
Tampoco el día sábado salió con sus amigos y prefirió ir al video club
a buscar una peli para quedarse en casa con su pareja. Entró a Unelen y se puso
a mirar entre los filmes románticos ante la mirada de la chica que atendía
acostumbrada a verlo siempre con películas de acción, guerra o de adultos.
“Quiero una bien romántica” – le pidió el gordo que luego de escuchar las
sugerencias, optó por llevarse Crepúsculo. Y en la mitad de le película,
segundos antes de que el vampiro se prendiera del cuello de Bella, el sonido
del celular recibiendo un mensaje interrumpió todo: “mortadela, no seas gato y
te esperamos mañana en la cancha” – le escribió el rengo.
Al otro día se levantó a las diez de la mañana y en su Zanella 50 fue a
comprar la carne para la parrilla. Y a las once llegó su suegra y el clima de
la casa se volvió muy cálido y ameno.
Alrededor de las once
y media, suena el teléfono de la casa. Allí va Dina a atender un llamado que
pregunta por Mortadela, "¿Usted busca a mi yerno? No, no está ese vago y
atorrante" - contestó y colgó. Y luego salió al patio donde su hija le
daba unos mates al gordo mientras este encendía las primeras brazas del
parrillero; "era equivocado" - les informó.
El gordo miró a su
suegra quien rápidamente se acercó a la carne para darle indicaciones de los
cortes que debía poner primero. "Espere Dina porque se bien qué carne
tengo que poner primero” - le expresó a su suegra que se arrimó a su hija y le
murmuró al oído: "¡tu esposo no sirve para nada!" De todas maneras,
el buen hombre tuvo que quedarse hasta que esté todo el asado bien cocinado
para salir corriendo a Pueblo Esther, o al menos esa era la idea. Siendo las
doce y media, Eva le manifiesta, en la sobremesa, que había planeado con su
madre ir los tres a tomar unos mates a la placita.
“¡Imposible! Yo me voy
a la cancha y listo” – le expresó ante la mirada pícara de su suegra que
llevaba su mano derecha a la boca asombrada de aquella reacción. “¡Siempre lo
mismo, amor!” – le refutó ella convirtiendo el diálogo en una discusión frente
a doña Dina que cuando podía, aprovechaba a meter un bocadillo favoreciendo
siempre a su hija. Finalmente el gordo agarra su campera negra y blanca y se fue
a la parada del colectivo.
“Nena, ¿seguro que
conoces bien a tu pareja? Me parece que es un vago que solo le interesa el
fútbol” – fueron las palabras de Dina tratando de traer tranquilidad a su hija;
“yo que vos lo pienso bien antes de casarme con este loco. Además fui el baño y
ni siquiera tira los cotonetes sucios en el tachito de basura… ¡los tira al
piso como todo mugriento!”
Mortadela llegaba a P.
Esther y con otros simpatizantes entraba a la cancha del CAJU para presenciar
el partido desde el espacio de los visitantes. Nuevamente la bandera de la 14
se desplegó y cientos de papelitos negros y blancos coparon el cielo cuando los
jugadores del panza entraron a la cancha. El gordo se abrazó al rengo y junto a
otros amigos, alentaron a su equipo a más no poder. Pero de a ratos, su mente
se salía de la cancha y no podía evitar pensar en su Eva.
No habían pasado ni
siquiera los primeros quince minutos del primer tiempo cuando Adán saludó a su
amigo y se decidió volver a Arroyo. “¡Andá dominado!” – le gritaron desde la
tribuna pero el gordo bajó las gradas sin hacerles caso ni interesarse en cómo
iba el encuentro. Volvió a tomar la línea A y sentado en el primer asiento
pensó: “o es ella o el fútbol”.
(continúa en la
próxima edición)
Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 08/06/2013
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