sábado, 30 de agosto de 2014

ENAMORADO EN LA LINEA A I


El es Braulio pero todos los conocen como “flaco”. Tiene 20 años. Es obrero de Arcor y toma el colectivo todas las mañanas a las 7hs en la parada del ingreso de General Lagos junto al “pelado”, su compañero de nombre Pedro. Y lo que parecía ser un lunes común y corriente pasó a ser el comienzo de su historia de amor; que como todas las historias, comienza con un encuentro.
Tiene la costumbre de sentarse en los últimos asientos del colectivo de la línea A y ya para cuando el mismo sale de la zona urbana, con las luces apagadas, se presta, igual que su compañero, a recuperar algo de sueño. Pero ese día es despertado cuando las luces vuelven a encenderse en el momento que el coche dobla por J. B. Justo y en la parada de la Esc. Nº 6036 sube una joven docente con una encantadora figura que se sienta en los primeros lugares.
El ómnibus hizo el recorrido normal pero en la mente de Braulio quedó picando la imagen de la joven que desde atrás solo podía verle parte de su cabellera y el guardapolvo que caía a un costado del asiento hacia el pasillo. Pero para cuando el colectivo pasó frente al cuartel de Bomberos, despertó a su amigo y ambos descendieron en el Cristo para irse a cumplir su jornada de trabajo. Y la docente permaneció en el colectivo.
El dia martes y el flaco vivió la misma escena. Simplemente que cuando el colectivo atravesó el puente del Arroyo Seco, ya se despertó algo ansioso por verla cuando volvería a subirse. Así lo hizo la joven que nuevamente ocupó los primeros asientos luego de saludar amablemente al chofer. Y así ocurrió el miércoles, el jueves y el día viernes; donde algo de ella le llamaba más que la atención a Braulio que la observaba casi en penumbra desde los últimos lugares del colectivo amarillo.
Al dia lunes, luego de tomar el colectivo espero que su compañero se durmiera casi cuando pasaban frente al Hogar Granja Casa Joven y aprovechó para sentarse en las primeras butacas. Puso la mochila entre sus piernas a fin de dejar libre su asiento contiguo y espero que el coche dejara la ruta y entrara a la ciudad por calle J. B. Justo. Y allí la visualizó una cuadra antes; ella estaba con su portafolio estirando la mano para detener el transporte. Subió y luego de sacar su boleto con la tarjeta, se sentó detrás de los asientos donde estaba Braulio.
Al flaco no le quedó otra que de a ratos, muy disimuladamente, relojear hacia atrás intentando ver, por lo menos, la cara de quien se escondía detrás de una hermosa y movediza cabellera. “¿Cómo se llamará?” – se preguntaba en sus pensamientos. Pero ella no quitó su mirada de su celular donde apuntaba algunas cosas. Y para cuando el coche estaba por llegar al Cristo, el se puso de pie para ir a despertar al pelado y tratando muy fugazmente de leer algo de lo que ella escribía. Llama a su compañero y finalmente se bajan del colectivo.
Al dia siguiente, intenta la misma acción simplemente que ella se sienta delante de el y comienza a operar con su celular. Braulio observa a su alrededor y notando que los pocos pasajeros estaban dormitando, estira su cabeza para ver, por encima de los asientos, algún dato en el aparato de la chica. “Una palabra… una palabra… una palabra” – pensaba desafiante. Esforzadamente logra ver que ella participaba de una conversación de watsapp pero cuando intenta descifrar alguna letra, el coche frente en Libertad y San Martín haciendo que el flaco golpee su cara con la butaca. Al rato, termina por ir a despertar al pelado e irse a trabajar. Y aunque no pudo leer palabra alguna, la deducción que pudo sacar es que, al menos, no era casada ya que no contaba con alianza.
Dia miércoles y Braulio como nunca antes, permanece muy contento esperando el colectivo. Incluso ni se percata de que el pelado estaba sentado en un banco de la parada cabeceando y a punto de dormirse. Comienza a mirar la hora de su celular y para su sorpresa el colectivo de la 7hs no pasa y su compañero se encontraba roncando. Media hora más tarde, el colectivo pasa lleno y los hace subir por la puerta trasera haciéndose lugar entre los apretados pasajeros. De a ratos observa hacia adelante y cuando el colectivo frena en la parada próxima a J. B. Justo y J. Celman, no sube nadie más que un uniformado.
“¿Cómo hago para hablarle?” – pensó acostado ese día por la noche y a la mañana siguiente, redobló la apuesta: abandonó a su compañero y se va 6:30 hs a la parada. Toma el colectivo amarillo y desciende en el lugar en el que ella toma el coche todas las mañanas. Allí permaneció muy ansioso y a los diez minutos, de la esquina, dobla la chica con su portafolio.
“Hola, ¡buen dia!” – saluda ella llegando a la garita. Braulio le correspondió con el saludo y a los treinta segundos, se le acercó y le preguntó si sabía a qué hora pasaba el próximo colectivo. “En diez minutos” – informó la joven. El tenía casi entre sus dedos la oportunidad justa para charlar y conocerla un poco más, hasta que se acerca a la parada una nueva mujer; “¡hola Leticia!” – la saluda a la maestra. Y allí entre ella y la tercera persona se entabla una amena conversación que incluso siguie sobre el colectivo cuando ambas se sientan juntas.
El se sube al coche y termina por sentarse al lado del pelado que venía durmiendo. Ahora tenía su nombre pero no más que eso. Cuando el colectivo ingresa al centro de la ciudad, toma su celular e ingresando al facebook busca a todas las personas llamadas Leticia de Arroyo Seco. No obstante, no le alcanza el tiempo para ingresar a los perfiles de todas y cerca del Cristo, despertó a su compañero a quien tuvo que contarle la verdad de su aventura.
(continúa en la próxima edición)


La Posta Hoy - 30/08/2014

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