Un nuevo round
protagonizaron tres proteccionistas de la ciudad. Una pelea como perros y gatos
que en definitiva no deja bien en claro justamente qué tiene que hacer el
vecino con los perros y gatos que no tienen dueño. Tres mujeres sobre el rin:
Paz, Amorina y Benevolencia, sus nombres. Paz acusa a Amorina de cuidar a los
animales de mala manera y con “gato encerrado”, no dejando bien en claro los gastos.
Por su parte, Amorina contraataca a Paz diciendo que esta tiene más privilegios
con el Ejecutivo porque sus perros son radicales.
Benevolencia
trata de zorra a Paz, quien a su vez dice tener un don especial y comunicarse
telepáticamente con los canes y otras especies. La primera tiene treinta y dos
gatos en su casa y una tortuga, trata a las otras dos de incompetentes y dice
que la única que tiene amor por los pobres e indefensas criaturas de Dios, es
ella; incluso pide que la llamen San Francisco de Asis de Arroyo Seco.
Paz está
organizando festejar el último viernes de cada mes, los cumpleaños de los canes
del predio correspondientes a ese mes. Argumenta que tiene el cotillón y las
cosas dulce preparadas, pero aclara que no invitará a las otras proteccionistas;
no obstante estas aclaran a los medios que tampoco hubieran asistido de ser
invitadas. Y para agasajar a los animalitos, piensa coordinar con
excombatientes para que asistan a ofrecerles una rica chocolatada caliente.
Amorina se
levanta temprano todas las mañanas y pasa horas cepillando los dientes a sus
canes y limpiando con cotonetes el oído de sus catorce cobayos. Tiene celo de
las otras dos, a una trata de gato, y no ve la hora de que estas se cansen para
quedarse como única proteccionista que perseveró en la ciudad. Pone mucho
énfasis en todo lo que hace y al ser flautista, cuenta con la ventaja de tocar
música por calle San Martín mientras cientos de perros le terminan siguiendo.
Eso sí, jamás iba a cuidar de un perro que previamente hubiera pasado por la
atención de sus rivales… siempre quería mantener la exclusividad en el trato de
los animalitos.
Para limar
asperezas y lograr un trabajo más exitoso basado en el bien común, las tres
fueron citadas a una audiencia con el intendente. Llegaron en diferentes
momentos y al ingresar al despacho del funcionario, se sentaron dándose la
espalda entre ellas. Pero a los tres minutos de presentar sus inquietudes,
Amorina se puso en pie sobre el escritorio del jefe del ejecutivo para lanzarse
sobre Benevolencia y agarrarse de los pelos mientras daban vueltas sobre la
alfombra.
También Paz se
sumó a la pelea y desde los tres metros, pegó un salto arrojando de una patada
voladora a Amorina que terminó por estrellarse contra la puerta de ingreso al
despacho. Luego se precipitó sobre Benevolencia, que no lograba incorporarse
del piso, y procedió a golpearla en el estómago con el codo. La escena siguió
cuando Amorina, recobrando fuerzas, se abalanzó sobre las otras dos y todas
acabaron en el suelo golpeándose, tirándose de los pelos y mordiéndose. Fuera
de la oficina, los canes comenzaron a aullar y un gremialista aprovechó la
oportunidad para solicitar nuevamente que saquen a los cachorros del baño del
salón del sindicato.
Como primera
medida, el intendente sacó su celular y sacó una foto que subió a su facebook y
tuvo más de seiscientos “me gusta” en menos de media hora. Finalmente corrió
hacia el baño, tomó un balde al que llenó con agua y se los arrojó haciendo que
las proteccionistas se separen y queden exhaustas en diferentes rincones del
despacho oficial. No obstante, Amorina continuaba engreída y sus pelos
continuaban de punta. Pero el funcionario dejó abierta la puerta de su oficina
y cuatro cachorros ingresaron.
Cada una de
ellas tomó uno de los cachorros dejando al cuarto desorientado sin saber a
quién recurrir de las proteccionistas que lo llamaban para ser la predilecta.
Pero el can seguía perdido y aturdido por los gritos de las mujeres, incluso
una de ellas le prometía llevarlo a dormir con ella en la cama, y otra le
aseguraba que en su casa conseguiría novia. Pero finalmente el animal, con la
cola entre sus piernas, optó por correr a los brazos del propio funcionario que
aprovechó a quitarle con sus uñas una garrapata de la oreja y la guardó en un cajón
de su escritorio.
Las
proteccionistas salieron del palacio de las palmeras intercambiando miradas de
bronca y lanzándose arañazos mientras unos policías las escoltaban. Cada una
regresó a su lugar de proteccionismo, donde con amor, paz y benevolencia cuidan
de los animalitos heridos y sin rumbo. Todo hasta que vuelvan a encontrarse y
se lleve a cabo un nuevo round de la pelea.
La Posta Hoy - 02/08/2014
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