sábado, 2 de agosto de 2014

PROTECCIONISTAS


Un nuevo round protagonizaron tres proteccionistas de la ciudad. Una pelea como perros y gatos que en definitiva no deja bien en claro justamente qué tiene que hacer el vecino con los perros y gatos que no tienen dueño. Tres mujeres sobre el rin: Paz, Amorina y Benevolencia, sus nombres. Paz acusa a Amorina de cuidar a los animales de mala manera y con “gato encerrado”, no dejando bien en claro los gastos. Por su parte, Amorina contraataca a Paz diciendo que esta tiene más privilegios con el Ejecutivo porque sus perros son radicales.
Benevolencia trata de zorra a Paz, quien a su vez dice tener un don especial y comunicarse telepáticamente con los canes y otras especies. La primera tiene treinta y dos gatos en su casa y una tortuga, trata a las otras dos de incompetentes y dice que la única que tiene amor por los pobres e indefensas criaturas de Dios, es ella; incluso pide que la llamen San Francisco de Asis de Arroyo Seco.
Paz está organizando festejar el último viernes de cada mes, los cumpleaños de los canes del predio correspondientes a ese mes. Argumenta que tiene el cotillón y las cosas dulce preparadas, pero aclara que no invitará a las otras proteccionistas; no obstante estas aclaran a los medios que tampoco hubieran asistido de ser invitadas. Y para agasajar a los animalitos, piensa coordinar con excombatientes para que asistan a ofrecerles una rica chocolatada caliente.
Amorina se levanta temprano todas las mañanas y pasa horas cepillando los dientes a sus canes y limpiando con cotonetes el oído de sus catorce cobayos. Tiene celo de las otras dos, a una trata de gato, y no ve la hora de que estas se cansen para quedarse como única proteccionista que perseveró en la ciudad. Pone mucho énfasis en todo lo que hace y al ser flautista, cuenta con la ventaja de tocar música por calle San Martín mientras cientos de perros le terminan siguiendo. Eso sí, jamás iba a cuidar de un perro que previamente hubiera pasado por la atención de sus rivales… siempre quería mantener la exclusividad en el trato de los animalitos.
Para limar asperezas y lograr un trabajo más exitoso basado en el bien común, las tres fueron citadas a una audiencia con el intendente. Llegaron en diferentes momentos y al ingresar al despacho del funcionario, se sentaron dándose la espalda entre ellas. Pero a los tres minutos de presentar sus inquietudes, Amorina se puso en pie sobre el escritorio del jefe del ejecutivo para lanzarse sobre Benevolencia y agarrarse de los pelos mientras daban vueltas sobre la alfombra.
También Paz se sumó a la pelea y desde los tres metros, pegó un salto arrojando de una patada voladora a Amorina que terminó por estrellarse contra la puerta de ingreso al despacho. Luego se precipitó sobre Benevolencia, que no lograba incorporarse del piso, y procedió a golpearla en el estómago con el codo. La escena siguió cuando Amorina, recobrando fuerzas, se abalanzó sobre las otras dos y todas acabaron en el suelo golpeándose, tirándose de los pelos y mordiéndose. Fuera de la oficina, los canes comenzaron a aullar y un gremialista aprovechó la oportunidad para solicitar nuevamente que saquen a los cachorros del baño del salón del sindicato.
Como primera medida, el intendente sacó su celular y sacó una foto que subió a su facebook y tuvo más de seiscientos “me gusta” en menos de media hora. Finalmente corrió hacia el baño, tomó un balde al que llenó con agua y se los arrojó haciendo que las proteccionistas se separen y queden exhaustas en diferentes rincones del despacho oficial. No obstante, Amorina continuaba engreída y sus pelos continuaban de punta. Pero el funcionario dejó abierta la puerta de su oficina y cuatro cachorros ingresaron.
Cada una de ellas tomó uno de los cachorros dejando al cuarto desorientado sin saber a quién recurrir de las proteccionistas que lo llamaban para ser la predilecta. Pero el can seguía perdido y aturdido por los gritos de las mujeres, incluso una de ellas le prometía llevarlo a dormir con ella en la cama, y otra le aseguraba que en su casa conseguiría novia. Pero finalmente el animal, con la cola entre sus piernas, optó por correr a los brazos del propio funcionario que aprovechó a quitarle con sus uñas una garrapata de la oreja y la guardó en un cajón de su escritorio.
Las proteccionistas salieron del palacio de las palmeras intercambiando miradas de bronca y lanzándose arañazos mientras unos policías las escoltaban. Cada una regresó a su lugar de proteccionismo, donde con amor, paz y benevolencia cuidan de los animalitos heridos y sin rumbo. Todo hasta que vuelvan a encontrarse y se lleve a cabo un nuevo round de la pelea.



La Posta Hoy - 02/08/2014 

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