Al nivel de
Cosquin, Florencio Varela y La Plata, la localidad de Fighiera, con el pasar
del tiempo, se perfiló a tener un lujoso festival de rock. Con el apoyo del
gobierno nacional, reconocidas bandas pasaron por el escenario de las tres
noches del evento que convocó a miles de jóvenes y adultos de todo el país.
Incluso, en cada festival podía verse las calles del pueblo repleta de
colectivos en los que llegaban rockeros de diferentes puntos cardinales.
En la primera
noche del festival, entre el centenar de jóvenes que hacían pogo se encontraba
el propio presidente comunal que saltaba desaforadamente chocándose con sus
pares. A los saltos y empujones, iba de un lado para el otro sobre el predio
frente al escenario donde una buena banda armonizaba la fiesta. Incluso el funcionario,
sin dejar de poguear, se quitó la camisa y, revoleándola sobre su cabeza,
provocó que un par de pibes cayeran al piso por sus codazos.
No obstante,
para frenar su euforia y llegado el momento protocolar de la noche, el politico
volvió a vestirse y subió el escenario aunque sin colocar la camisa dentro del
cinto. Agradeció a alta voz la presencia de autoridades nacionales y al grito
de “¡esto es gestión!” corrió hacia el inicio del escenario para lanzarse sobre
la multitud que con manos en alto, lo trasladó hacia el sector del buffet. Y
allí quedó de pie abrazando a cada uno de los comensales que se acercaban a la
barra para retirar sus choripanes y gaseosas.
A pocos metros
de allí, mientras otras bandas rockeras seguían subiendo a la plataforma, una
señora se extraía una muela dentro de un camión gubernamental estacionado en el
medio de la calle, un caballero era atendido en otra unidad de salud por un
medico que reventaba un enorme forúnculo
de su espalda, dos amigas se anotaban en
la lista de donantes de órganos y una decena de pibes jugaban con unos globos
rellenos de arenas con los que probaban darles varias formas. Y así pasó la
primera noche de un evento que prometía más adrenalina para las noches siguientes.
La segunda
jordana, comenzó con un par de bandas zonales del género y la presencia de la
familia de estos músicos delante de la plataforma. No obstante, cada vez que
avanzaban las horas mayor público se sumaba al predio para asistir al recital
de otras bandas invitadas. Allí nuevamente, pudo verse a la máxima autoridad
del pueblo, vestido con pantalón chupín y remera de Patricio Rey, saltando
entre la juventud tal cual marioneta que era manejada desde las nubes por unos
largos hilos invisibles. En esos momentos hubo algunas abuelas que propusieron
al sacerdote que le practicara un exorcismo pero el cura argumentó que aquella
euforia era muy sana y producto de una emoción kirchnerista. Y unos fuertes
estallidos que provocaron la voladura de millones de papelitos picados hicieron
que todo el público rockeara con más alegría.
A un costado del
escenario, había una demostración de tatoos con artistas premiados en la
materia. Mientras que muchos jóvenes hacían cola para tatuarse signos chinos,
rostros de famosos y otras formas, el propio funcionario delante de la prensa
se sentó en la silla para tatuarse en su brazo derecho FIGHIERA; TE AMO. En
primera instancia iba a hacerse la inscripción en una nalga pero por
recomendación de sus asesores de protocolo, optó por el brazo que fue
fotografiado por los reporteros que se dieron cita en el evento. Más lejos de
allí, la señora de la primera noche volvía a extraerse una segunda muela. Y
todo el pueblo volvió a rockear con cada acorde que salía por los potentes
parlantes.
Y finalmente
llegó la tercera noche del Fighiera Rock con bandas de renombre cuyo honorarios
pagó en su totalidad el estado nacional que inundó la localidad con colectivos
y camiones de diferentes ministerios. “Gestioooooooon” – volvió a gritar el máximo
responsable ante un centenar de pollitos que fueron esparcidos por el escenario
no necesariamente para ser pisados, sino en una campaña del INTA que consistía
en distribuirlos a nuevos micro emprendedores.
Llegado el
momento de los agradecimientos, el funcionario volvió a gritar los nombres de
una decena de diputados y senadores ante un micrófono cuyos ecualizadores se
volvieron de color rojo. La última banda culminó su repertorio acompañada de
fuegos artificiales y el presidente terminó por romper una guitarra eléctrica
contra el piso para luego salir corriendo por el escenario mientras era
perseguido por varios profesionales de la salud que llevaban en sus manos un
chaleco de fuerzas. Y así pasó el evento que hizo rockear a toda la población.
La Posta Hoy - 22/11/2014
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