La
implementación del Servicio Municipal de Objetos Perdidos despertó el espíritu
solidario de vecinos de Arroyo Seco animados a devolver a sus dueños cuanta
cosa encontraran en la vía pública. La nueva oficina con algunos estantes se puso
en marcha tras la incorporación de treinta y dos personas más a la planta
permanente del municipio y su inauguración que contó con la presencia de
diferentes autoridades: el edil autor del servicio, otros concejales,
integrantes del gabinete y el intendente que estuvo todo el tiempo tomado de la
mano de un diputado provincial.
El padre Pedro
bendijo la oficina frente a los periodistas de la ciudad y luego se proyectó un
video del papa Francisco haciendo referencia al nuevo servicio con la vivencia
bíblica de Jesús quien vino a buscar a los perdidos. Y finalmente el concejal
creador de la idea declaró a los medios la alegría sobre la puesta en marcha
del proyecto; declaración que fue grabada hasta que la pila de los grabadores
de los reporteros se agotaron a medio discurso.
Esa misma tarde,
el servicio comenzó a ponerse en marcha con la primera abuela, Celestina, que
se acercó llaves en manos para dejarla en la oficina. “Traigo esta llave que
encontré en la vereda de mi casa” – manifestó la señora que le dio un beso a
las llaves antes de depositarla en la mano de una muchacha. La empleada tomó la
entrega, otra lo registró en un acta, otra lo colocó en una bolsa trasparente,
otra lo clasificó, otra lo archivó, otra invitó a la dama a firmar el
documento, otra la acompañó hasta la salida y otras prepararon el matelisto que
pasaron de mano en mano.
Al día siguiente
llegó a la oficina don Eulogio buscando su dentadura postiza tras amanecer y no
encontrarla en el vaso sobre su mesa de luz. La empleada municipal indicó que
por el momento ningún vecino había llevado una dentadura a la oficina y terminó
por despedir al abuelo indicándole que la buscara debajo de la cama o en otro
sector de la casa. Y Eulogio terminó por irse a radio Extremo para hacer una
denuncia pública contra el servicio municipal por ocultarle información.
Una vecina llevó
al sector un calzón manifestando que no era suyo pero que probablemente
pertenecía a alguna de sus vecinas dado que los últimos vientos pudieron hacer
volar diferentes ropas de los tendederos del barrio. La empleada tomó la prenda
y por el enorme talle pudieron determinar a qué vecina de la cuadra, quien
estaba un poco excedida de peso, pertenecía y el mismo servicio se ocupó de
llamarla para que se acercara al edificio municipal. Así es como en la portada
de En Positivo salió la fotografía de las dos vecinas tomando el calzón una de
cada punta sobre otra imagen, en la misma tapa, del intendente que permanecía
tomado a la mano del diputado provincial.
Un buen gesto
tuvo Carmen, del barrio del Puerto, que apareció en la oficina con una
billetera bien abultada. La actitud heroica sorprendió a las empleadas que tras
hurgar en la misma descubrieron que se trataba del esposo de la mujer; “¡eso es
imposible!” – manifestó Carmen, “siempre que le pido, tiene su billetera sin un
peso.” Finalmente terminaron de convencerla para que regresara a su casa y se
pusiera de acuerdo con su esposo en la economía del hogar. Y al día siguiente
apareció el marido de la señora buscando la alianza que su ex le arrojó en la
cara y salió despedida a la calle por la ventana.
A los pocos
meses de su apertura, los racks de la oficina comenzaron a llenarse de variados
objetos que vecinos llevaban tras levantarlos de la calle: zapatillas de
bebés, monederos llenos de pañuelos
descartables y con estampitas de San Expedito, celulares, chupetes y decenas de
credenciales de socios del club Real. Las administradoras del servicio
intentaron devolver estas últimas a sus dueños pero ninguno de ellos las quiso
y hasta solicitó que las incineraran. Y con todas las cosas que nadie fue a
reclamar, la dirección de Producción organizó una feria americana en los
pasillos del edificio municipal para rematarlas.
Fue así, como
sobre unos tablones montados en la Galería de Intendentes, podía comprarse
objetos usados a muy bajo costo. Incluso un coqueto portarretratos que el
propio intendente compró a tres pesos para colocar en su despacho la foto junto
al diputado provincial. Para adornar la feria, el edil autor del servicio
continuó con la segunda parte de su discurso ante la mirada de varias vecinas
que terminaron por dormirse apoyadas en las paredes. Y por último apareció la
abuela Celestina buscando la llave que trajo días atrás reconociendo que era
propia de su casa.
La Posta Hoy - 15/11/2014
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