Representantes
de una ong que trabaja contra la trata de personas, llegaron al concejo y fueron
recibidos en privado por el único edil presente esa mañana. Los visitantes le
manifiestaron el interés por dar clausura a varios bares de la ciudad; “tenemos
denuncias anónimas de que en esos lugares hay chicas que son obligadas a
prostituirse” – le expresaron al funcionario que escuchó muy atentamente.
El concejal
poniéndose al hombro la denuncia convocó al día siguiente, a los periodistas e
informó estar muy preocupado por lo que estaba aconteciendo sin dar nombre a
los bares; “fui elegido por los ciudadanos y me debo a ellos; y por el bien de
esta comunidad no permitiré que haya ese tipo de cosas en esta ciudad” – manifestó
a los comunicadores. Y comentó haberse puesto a disposición de la ong y de la
ley para que se cierren esos lugares.
Aún más, el
funcionario puso a disposición una caja de ahorro para todos los que querían
colaborar con la causa de esta organización sin fines de lucro. Y motivó a sus
representantes a una movilización por las calles de la ciudad para repudiar
toda acción de trata y explotación sexual de mujeres: “todos tenemos que hacer
oír nuestra voz en contra de estas cosas.”
La ong por su
parte elevó a la justicia las denuncias correspondientes cuyos fiscales
comenzaron a trabajar en cada caso. Se trataba de lugares habilitados como
bares pero que detrás de su fachada, en cuartos traseros, tenían a varias
mujeres en situación de servidumbre para explotarlas sexualmente. Y lo peor aún
es que antes que esta organización arribara a la ciudad y se pusiera a
trabajar, muchos sabían del tema pero nadie se animó a hacer nada.
“Hay que acabar
con estos que obligan a inocentes mujeres a esa condición” – siguió
manifestando el edil, que era candidato a renovar su banca, en cada oportunidad
que se le acercaba un micrófono y recordando nuevamente la convocatoria a la
marcha y la cuenta en el banco para los que querían colaborar con la causa. Y
finalmente llegó el día de la manifestación.
Aquella noche
cientos de vecinos se dieron cita en la marcha. Muchos lo hicieron con
pancartas y pasacalles repudiando la trata de personas y toda acción de
violencia contra la mujer. Incluso hubo voluntarias puestas por el concejal,
con urnas, para recaudar donaciones para la labor de la organización. Y llegado
el momento de las palabras, primero se pronunciaron autoridades de la ong y
finalmente el edil que nuevamente criticó la existencia de estos prostíbulos:
“golpearemos, de ser necesario, hasta la última puerta para que se cierren
estos lugares y de ser electo otra vez, trabajé para crear una comisión que
controle que si se habilita un bar, ese lugar trabaje como tal y no esconda
nada que esté fuera de la ley” – expresó siendo ovacionado por la multitud.
La presión
social generada por la marcha, hizo que el juez ordenara el primer allanamiento
a uno de los supuestos bares. Allí llegaron el fiscal, policías (varias mujeres
uniformadas) y auditores de la ong. Ingresaron al comercio y para sorpresa de
todos, en aquel lugar no había mas que mesas, botellas y utensilios típicos de
bar. Y aunque ingresaron también en la parte trasera del local, no encontraron
nada que pareciera ser lo que estaban esperando hallar.
Al día
siguiente, el edil convocó a una conferencia de prensa para informar: “el
primer allanamiento fue negativo, pero seguiremos trabajando para desbaratar
toda acción de trata contra las inocentes damas que muchas veces, dejan sus
hogares engañadas.” Y volvió a recordar que estaba a disposición de la
población, una caja de ahorro, de su gestión, para contribuir en la causa de la
ong interviniente.
Dos días después
y un nuevo allanamiento irrumpe contra la tranquilidad de otro de los bares en
la mira. Allí también las fuerzas de seguridad ingresan detrás del inmueble en
la que había una casa pero tampoco encontraron cosas que pudiera relacionarla
con un prostíbulo. En la vivienda trasera habitaba una parejita de ancianos. Y
todo volvió a la normalidad.
Y lo mismo
ocurrió con los otros dos bares denunciados. En ninguno de ellos se encontraron
mujeres explotadas sexualmente y lo peor aun, sus dueños se dispusieron a
denunciar a las autoridades judiciales por el mal momento vivido en sus
comercios.
Es que esa misma
tarde del día en que los representantes hablaron con el edil, este funcionario
llamó a un empresario amigo: “flaco, van por ustedes… váyanse de la ciudad por
unas semanas hasta que pase todo; sacame a todas las mujeres que tengas” – le
informó previniéndole. “Dale… incluso en uno de los bares pondré a mis viejos
para que vivan simulando que está todo normal” – le expresó el empresario
agradecido que solventaba la campaña del concejal con lo recaudado por estos
prostíbulos.
Y una vez que
pasaron todos los allanamientos con resultados negativos, el concejal entregó a
la ong solamente un cinco por ciento de lo depositado en la caja de ahorro
quedándose con el resto; “la verdad: hay que valorar el trabajo de estas
organizaciones” – comentó el edil a los periodistas mientras entregaba el
cheque al presidente de la misma. Al mes siguiente, el político volvió a ganar
y luego los prostíbulos abrieron nuevamente sus puertas.

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