sábado, 26 de septiembre de 2015
ROBO A-Z: MISTICA
Rita entró en casa de doña María puesto que una amiga del barrio le había recomendado esa visita: “es muy vidente y sabe todo sin que le digas nada” –le había indicado. Permaneció sentada por unos minutos en el living esperando su turno mientras observó algunos cuadros: uno donde estaba grabado el padrenuestro con la imagen del Cristo, otro con la imagen de Dalai Lama y un tercero, en grande, con la foto del Papa Francisco y una frase fomentando las acciones de amor y solidaridad. En el interior de la vivienda, otra señora manifestaba a la anfitriona su preocupación al ver que su hijo le iba mal en el colegio. “Decime, querida, ¿cómo era el día en que nació tu pibe?” – le preguntó María a lo que la madre, haciendo uso de la memoria, solo manifestó que llovía mucho el día del parto. Y la vidente concluyó: “es por eso que todo le va a ir mal en la vida a tu pibe… nació en un día gris; pero te recomiendo este ungüento: se lo pasas todos los días, antes de ir al colegio, en la cabeza y San Irineo de Afganistán le dará sabiduría para los exámenes.” Mientras Rita seguía esperando, llegó otra señora que se sentó a su lado manifestando estar muy preocupada por su pareja que la había abandonado: “no sabes lo triste que me siento; estoy dispuesta a hacer todo lo que me diga esta mujer para recuperar a mi novio.” Esta desesperada dama vino recomendada también por otra amiga: “María es muy vidente y muy poderosa, a mi amiga le dio un pote con el que roció una maquinita del Casino y ganó dos mil pesos.” Tras la salida de aquella desesperada madre que pagó por el frasco unos cuatrocientos pesos, Rita ingresó al comedor donde la dueña de casa la invitó a sentarse frente a ella mientras le solicitaba las manos. “Mi vida, la consulta es de doscientos pesos” – le informó María muy sonriente; “sabes que no tengo otro ingreso más que este, querida.” La visita abonó con unos billetes que llevaba en sus corpiños y se prestó a la lectura. “Mmmm” – manifestó María muy preocupada y haciendo que su visita abriera los ojos bien grandes; “acá veo que tu esposo te dejará por otra.” Rita preguntó si estaba seguro con aquella lectura, “porque soy soltera”- le aclaró. Allí la clarividente apeló a su explicación mística; “acá veo que el marido que vas a tener en el futuro, un día te dejará por una mujer más joven.” Entonces se entristeció por lo que María le soltó las manos y puso sobre la mesa un ungüento de color celeste: “tranquila querida… te recomiendo que desde ahora te pases un poco de este aceite cada mañana, en tus talones, y así harás que el hombre que conozcas se enamore completamente de vos y no te abandone.” Por la mañana, la vidente había llenado varios de esos frascos con el agua de red al tiempo que se disponía a podar sus rosas. Y por la tarde, le ofreció a la visita el producto: “Querida esto es un ungüento que contiene lágrimas de ángeles y gotas de rocío” – le detalló. Por momentos Rita tuvo el presentimiento de estar siendo estafada pero vino a su memoria los consejos de su vecina con quien en varias oportunidades charlaban subidas a la trafic que las llevaba los fines de semana a presencir la misa en vivo del Padre Ignacio: “se de una amiga que tenía su hijo tartamudo y fue de esta mujer que dicen es muy poderosa. Le entregó un líquido para que le diera de beber al pibe y éste terminó hablando un poco mejor” – le contó; “tenes que ir… además, no cobra; en realidad solo pide una ayuda porque, pobre, es lo único que tiene para vivir.” Rita adquirió el frasco por trescientos pesos y cuando estaba por retirarse, la vidente volvió a pedirle la mano: “a ver querida… me parece que faltaba algo que no podía leer porque había interferencias con los seres de luz” – le expresó. La mujer volvió a sentarse a la mesa y dispuso sus manos para una nueva lectura: “¿puede que haya alguien enfermo en tu casa?” – le preguntó. Rita le aclaró que vivía solamente con una perra llamada Diana; “entonces es esa perra la que está enferma o se va a enfermar en los próximos días. Te recomiendo, querida, crema de kiwi para liberar de todo mal a tu mascota” – le expresó la vidente mientras le vendía a doscientos pesos un pote de crema; “se la pasas por la panza a tu perrita y listo.” Cuando la mujer terminó de gastar de los últimos billetes que le quedaban de la quincena de su sueldo como empleada municipal, se prestó a salir del lugar pero una vez más, María la detuvo mostrándole una cajita forrada con imágenes de Mickey y Minnie: “querida, sin compromisos, esta alcancía es para ayudar a los huerfanitos de un Hogar del África… si queres colaborar de corazón, podes hacerlo” – explicó. Rita colaboró con su último cien pesos mientras la vidente le daba más detalles; “no sabes lo que son esos niños con esas caritas negritas y los moquitos colgando de sus narices… te parten el alma verlos. Dios te bendiga.” Finalmente se retiró al mismo tiempo que María le daba la despedida: “y sabes que si te quedas sin ese ungüento, tengo más para entregarte, querida.” Rita salió y dio lugar a la otra visitante; “quiero que me ayude a recuperar al amor de mi vida” – le detalló a la vidente que rápidamente colocó un nuevo pote sobre la mesa.
sábado, 19 de septiembre de 2015
ROBO A-Z: LLAMADOS
Cinco de la
mañana y una llamada de destinatario restringido ingresó a la comisaria de
Arroyo Seco. El oficial de guardia se levantó de su cama y atendió al llamado
de una voz masculina que no quiso identificarse: “hoy por la mañana, se
asaltará al camión blindado que llegará al banco céntrico” – informó al policía
y cortó. El uniformado se lavó la cara y optó por llamar a su superior para
informarle sobre la nueva.
Rápidamente el
responsable de la dependencia dio aviso al juez de turno que con una
coordinación policial pudo constatar a la empresa transportadora de caudales
para ponerla al tanto, aunque la unidad ya estaba en camino hacia esta
localidad desde Buenos Aires. También se dio aviso a la entidad bancaria que
puso en marcha su propio plan de acción preventiva. Y la Policía puso a decenas
de oficiales a disposición cubriendo la zona donde se ubica el banco a fin de
resguardar al vehículo.
“Seguramente se
trató de uno que dejaron afuera del robo” – manifestó el comisario a un compañero
intentando explicar el llamado recibido; “algo así como un despechado.” Y
ordenó a otros policías que de civil se dieran cita en la cuadra donde
estacionaría el camión blindado para el intercambio de caudales con el banco.
Por su parte, la
empresa transportadora modificó brevemente su operatoria y ordenó a los
conductores del camión que detuvieran su marcha en una comisaría próxima
mientras que desde otro centro de logística partió otra unidad como señuelo.
Este segundo camión era conducido por tres empleados con conocimiento y táctica
para tales asuntos transportando sumas de dinero falso. Y el primero se detuvo
frente a la dependencia policial de Pavón, dio aviso a las autoridades
policiales y aguardó para continuar con la marcha.
Alrededor de las
nueve de la mañana, entre las decenas de personas y vehículos transitaban por
la zona bancaria; también se aproximó el camión blindado. La mirada de todos
los policías, ubicados en diferentes y estratégicos lugares, se dirigió hacia
la unidad de la que descendió un empleado de seguridad con unos papeles en mano
e ingresó a la entidad bancaria. Y en esos momentos una alerta se encendió
cuando bruscamente detrás del blindado clavó sus frenos un auto.
Varios policías
dirigieron sus armas hacia el vehículo sospechoso pero la operatoria
rápidamente se desintegró cuando descubrieron que solo se trataba de una mujer
que por hablar por teléfono mientras conducía, no se percató del blindado y
frenó bruscamente para evitar el impacto. La señora pidió disculpas a los policías
que se le acercaron a su coche y en cuestión de minutos, retomó su viaje.
Otro empleado de
la seguridad privada descendió del coche para escoltar al primer empleado que
se acercó al blindado con bolsas de dinero en mano. Cargó las mismas en el interior
del vehículo sin ninguna anomalía y finalmente se alejó del lugar dejando a
todas las autoridades policiales boquiabiertas. “Para mí, estos vieron la
cantidad de policías que salieron con la alamar de la mujer que frenó
bruscamente y desistieron del robo” – fue lo que explicó el comisario y jefe
del operativo a sus superiores.
La cuestión es
que el mismo llamado se repitió a la madrugada de los dos siguientes días. El
policía intentó obtener más datos pero no tuvo éxito. Informó a su superior
nuevamente de la situación que, otra vez, activó el plan de prevención ya
establecido para estos casos y dio aviso, entre otros, también a la empresa
transportadora y a la entidad bancaria. Lo cierto es que fueron las nueva de la
mañana, y todo se desarrolló sin ningún inconveniente.
Lo mismo ocurrió
varias veces durante los siguientes días. Se montaba todo un operativo pero el
robo nunca ocurrió. Lo único de positivo fue que la investigación pudo dar con
mucha proximidad el destinatario de cada llamada. El policía con el tubo del
teléfono en mano ya cansado de dar una falsa alarma pensó por momentos en
directamente no dar aviso a su superior y continuar dormitando como si nada.
Pero a los diez minutos, tras luchar con sus pensamientos, optó por dar aviso y
el operativo otra vez se puso en marcha.
Cuando eran las
ocho de la mañana un operativo comando ingreso a un departamento de Pavón dando
con un joven que desde el interior de su cuarto realizaba las llamadas anónimas
y anunciaba los robos que nunca ocurrieron. Con la orden judicial
correspondiente fue trasladado a la otra dependencia policial para ser
interrogado justo en el mismo momento que el camión blindado amenazado llegaba
allí para resguardarse y dar paso, desde otro lugar, al señuelo. El joven
detenido aprovechó el descuido de la poca presencia policial en el lugar, dado
que los demás estaban cubriendo la zona bancaria, y logró salirse de la
dependencia con la ayuda de un oficial amigo que abrió sus esposas. Y mientras
los choferes del blindado charlaban en el interior de la comisaria, puso en
marcha el transporte de caudales y huyó.
Para cuando
lograron ubicar el camión blindado, lo encontraron en una zona descampada
abandonado y sin nada en su interior. Y el joven y su policía amigo, a los días
siguientes se distribuyeron el dinero.
La Posta Hoy, 19/09/15
sábado, 12 de septiembre de 2015
ROBO A-Z: JUNTOS
Chapi era un
delincuente como muchos y su debilidad eran los robos nocturnos a locales
comerciales. En sus atracos no acostumbraba a ejercer violencia ni mucho menos,
pistas para ser identificado. Sin embargo, un viejo amigo lo encontró sentado
en la esquina de la cuadra donde residía y en voz baja, le propuso un negocio:
“soy cerrajero y tengo copia de las llave de un nuevo comercio” – le comentó
captando su interés.
Pero antes de
que avanzaran en el acuerdo que iría a beneficiarlos a ambos, el cerrajero le
expresó que había un solo problema: “el local se encuentra a metros de la policía”
– le indicó. Se trataba de un comercio que inauguró semanas atrás y cuyo dueño
había cambiado la cerradura de la puerta principal con la finalidad de obtener
seguridad; “y como es nuevo, todavía el local no cuenta con alarmas… además,
quién va a creer que alguien irá a robar al lado de la comisaria” – expresó.
“El problema es
que en la esquina de esa cuadra hay cámara” – manifestó el Chapi a su amigo
quien sonrió dándole a entender que tenía todo bajo control para poder quedarse
con la mitad del botin. “Tengo un amigo que esta semana monitorea esa cámara de
180°, entonces esta noche va a poner el foco en dirección contraria al local” –
le aclaró el cerrajero a lo que el caco acepto el trato y tomó la llave en sus
manos.
Cerca de la una
de la madrugada, Chapi caminó frente a la comisaría y a los pocos metros, llave
de por medio, ingresó al local. Para
trabajar tranquilo y buscar en el interior todos los objetos de valor posibles,
volvió a poner llave a la puerta e inició su tarea. Revisó primero los cajones
de un escritorio y para su alegría, encontró efectivo por la suma de mil pesos
junto a un reloj de pulsera y una cadenita que aparentaba ser de oro. Y rápidamente
empezó a poner esos elementos valiosos dentro de sus bolsillos.
Pero algo
complicó la labor de Chapi. A los quince minutos, se dio cuenta que otra
persona se puso de pie junto a la puerta de ingreso y colocó una llave en la
cerradura. Se escondió detrás del escritorio utilizando la penumbra y se
inmovilizó. Y allí entró otro ladrón que para evitar un mal momento, cerró la
puerta con llave tras su ingreso y se preparó para revisar el lugar.
“Este es el
Gato” – balbuceó debajo del escritorio cuando conoció a su inesperado
acompañante. Rápidamente se dejo ver por su amigo que primero se alarmó, pero luego
terminó por abrazarse con quien, en otras tantas oportunidades, había
compartido algunos robos. “¿Qué haces robando acá?” – preguntó el recién ingresado
a su pana, a lo que Chapi le respondió que estaba gracias a la llave que el
cerrajero le había brindado. El tema es que el cerrajero también había mandado
al Gato con otra copia y allí se quedaron inmovilizados los dos ladrones
sorprendidos por las casualidades de la vida.
“Hacemos así:
todo lo que hay de valor lo repartimos en tres parte iguales” – propuso Chapi
considerando en el botín al proveedor de la llave. El Gato consintió y antes de
que pusiera una cadenita de oro en su bolsillo, su amigo le frenó cuestionando:
“todo lo ponemos sobre el escritorio y luego lo llevamos en una bolsa para que
quede más claro.” Y ambos siguieron
separando las cosas de valor que había en el nuevo comercio aunque el primero
jamás reveló lo que ya tenía oculto en sus bolsillos.
No pasaron ni
cinco minutos y un tercer ladrón, apodado Laucha, entró en escena con otra
copia de la llave. Lo bueno es que todos estos se conocían puesto que en alguna
oportunidad habían compartido celda de una comisaría de Villa Gdor. Galvez.
“¡Esto es increíble! Cuando agarre al cerrajero, lo mato” – expresó el Gato
ante la mirada de Chapi que se rascaba su cabellera. “¿Y ahora?” – preguntó el
tercero en sumarse.
“Hagamos algo:
todo lo de valor lo repartimos entonces en cuatro” – propuso el primero en
llegar al lugar. Pero el Gato, haciendo uso de la palabra, expuso que
directamente el cerrajero, por aquella jugada de regalar copias de la llave a
doquier, quede afuera del botín y los demás aceptaron.
Ya para cuando
los tres delincuentes colocaron sobre el escritorio todos los objetos de valor
hallados, Chapi tomó una bolsa y ante la mirada de sus compañeros los guardó.
“De acá vamos hasta la esquina de mi casa y repartimos todo esto” - expuso casi sin más nada que hacer en ese
local. Y entonces, de manera silenciosa, salieron del comercio pero, para su
sorpresa, afuera les esperaban unos cinco oficiales de policía apuntándoles con
arma que finalmente les redujeron.
Meses atrás, un
comerciante se había cansado de que le robaran tres veces. Entonces alquiló un
local a metros de la comisaría, montó allí su nuevo comercio y se presentó de
un amigo que meses atrás hizo un curso de cerrajería. “Quiero atrapar a esos
choros y tengo una idea” – le propuso al cerrajero que estaba dispuesto a
ayudarle.
La Posta Hoy, 12/09/15
sábado, 5 de septiembre de 2015
ROBO A-Z: INNOBLE
Carlos en un
hombre trabajador, honesto policía y padre de familia. Su afán por el trabajo
no se traduce más que a mantener económicamente a su esposa y sus hijos. Y su
vida es tan sencilla como cualquier otro vecino puede verla, aunque con
circunstancias llamativas.
Un día llega a
su casa y su esposa, antes de darle un beso como bienvenida, le informa que el
lavarropas automático dejó de funcionar. Entonces, dos horas después, carga el
aparato a su camioneta y la lleva al service. El técnico se toma el tiempo para
desarmar el lavarropa y con un tono de voz ronca le indica que “el desperfecto
se encuentra en el tambor, que debe ser cambiado completamente con todas su
conexiones.” Carlos opta por abonar una seña de mil pesos para iniciar la
reparación y a los tres días, cuando iría a retirarlo, abonará los otros mil
restantes.
En otro momento
del día, pasa por el mercadito del barrio y compra un yogurt bebible para sus
hijos. Abona y al salir, sube a su vehículo donde lo esperaba su esposa que
agarra el artículo y sin esperar más, observa la fecha de vencimiento: “esto
está vencido” – le comunicó. Carlos corroboró la fecha notificándose que
efectivamente el producto había vencido unas semanas atrás; ingresó al comercio
y tras su reclamo, le cambiaron el artículo. Y finalmente se retiraron a su
hogar.
Casi después del
mediodía del día siguiente, su hija preadolescente viene a expresarle que la
computadora estaba funcionando mal. Como Carlos conocía poco y nada de
informática, y al pedido insistente de su niña, terminó por llevarla al técnico
que tras observarla pasó a darle el diagnóstico: “este ordenador tiene un virus
seguramente que ingresó por alguna descarga de internet; lo peor es que voy a
tener que resetear la máquina e instalar nuevamente todo incluso cambiando el
disco” – le informó ante su desorientación. En fin, terminó por aceptar el
servicio técnico al ordenador por la suma de mil quinientos pesos a pagar en tres
veces.
Acompañado por
su mujer, aquella misma tarde se presentó en su local de ropa favorito para
elegirse una camisa que estrenaría en un casamiento que tendría en los próximos
días. La vendedora le mostró varias prendas indicándole que todas las que tenía
en stock eran de excelente calidad y buena marca. Carlos eligió colores, se
probó dos prendas y finalmente compró una camisa al costo de cuatrocientos
pesos.
Además, terminó
esa semana complicada descubriendo que su vehículo presentaba un problema: tras
permanecer estacionado una mancha de agua aparecía debajo de la camioneta.
Rápidamente la llevó al taller donde el mecánico le indicó, tras analizarla,
que se trataba de la bomba por lo que debía retirarla y cambiarla por una
nueva. Sin cuestionar al que demuestra saber, aceptó el trabajo dejando su vehículo
en el taller por un par de días y abonando por el trabajo una interesante suma
de dinero.
Y por último, ya
en su casa, descansando, se puso a analizar el resumen de su tarjeta de
crédito. Allí se encontró con que la entidad bancaria le descontaba cinco pesos
en los últimos meses de un aporte voluntario a Greenpace al que jamás había
accedido. Y sin ganas siquiera de llamar al banco ni de reclamar en persona a
la sucursal, terminó por aceptarlo admitiendo que se trataba de una escueta
suma.
Pero se encontró
en una disyuntiva cuando su superior, días después, le pidió que firme una
planilla de carga de combustible de los móviles dibujando un número falso. En
realidad, gran parte del combustible de los figurado en ese documento fue al
vehículo propio de ese jefe y Carlos debía consentir con su firma a fin de que
la Provincia abonara el importe a la estación de servicia en cuestión. “Jefe,
enójese si quiere… pero soy una persona honesta y no me gustan estas cosas” –
le expresó el policía negándose a colocar su firma. Y allí comenzó una etapa incómoda para su
vida.
Mas tarde, el
mismo jefe le solicitó que pasara por un casino clandestino a cobrar los
cuatrocientos pesos semanales como honorario al no tener que clausurar el
supuesto cibercafé. También a esto se negó Carlos y tuvo que ir soportando el
mal trato creciente de su superior, por mantener su honestidad a sol y a
sombras. Y cuando no pudo aguantar más, terminó por renunciar ya cansado de
sentirse como si fuera el único honesto que quedaba.
Es que, lejos de
la dependencia policial, el técnico de lavarropas reparaba solamente el enchufe
y ponía en marcha el aparato aunque le cobró por un trabajo mayor que jamás
debía realizar. El dueño del mercadito volvió a poner el yogurt vencido en el
stock y entre otros cliente, se volvió a vender y ya no hubo reclamo. El
técnico informático lo único que hacía era instalar el buscador sin más cambios
a la pc. La vendedora de la tienda reponía sus camisas comprándolas a sesenta
pesos en un viaje a La Salada de Buenos Aires. El mecánico solamente emparchaba
una manguera que contenía una minúscula pinchadura. Y el banco recaudaba de a
cinco pesos, millones entre todos su usuarios que no se quejaban por ese
descuento involuntario que jamás llegaría a la fundación ecologista.
La Posta Hoy, 05/09/15
sábado, 29 de agosto de 2015
ROBO A-Z: HIJO
Ignacio bajó del colectivo a metros de la facultad pensando en el examen
final de su carrera de abogacía. Durante varias semanas venía preparándose para
rendir esa evaluación y en su cabeza no había más que leyes, conceptos y
definiciones. E ingresando al edificio universitario, segundos antes de que se
dispusiera a poner en silencio su celular, recibió una llamada identificándose
como representante de su empresa de telefonía.
En un breve tiempo, el emisor le ofreció un plan para su servicio mucho
más económico que lo que venía abonando. Pero ante los nervios propios de la
situación, Ignacio intentó acelerar la conversación optando por aceptar el
cambio de plan y confirmando la operación aportando sus datos personales
requeridos por el promotor. Y luego, cuando finalizó la llamada optó por apagar
el celular e ingresó al aula donde debía exponer su trabajo final.
A los cinco minutos, la mamá de Ignacio, llamada Petrona, quien
acomodaba y limpiaba su hogar, recibió una llamada a su celular. Atendió y del
otro lado una voz masculina le informó que tenían secuestrado a su hijo y que
si seguía sus indicaciones, todo terminaría de la mejor manera. La mujer cortó
rápidamente la llamada aunque quedó pensando en aquella data. Pero a los
treinta segundos, el llamado se duplicó.
Petrona optó nuevamente por cortar la llamada entrante y rápidamente
llamó a su hijo, cuyo celular le indicaba estar apagado. Intentó tres veces, le
envió un watsapp y cuando estaba por dejar el aparato sobre la mesa, recibió el
llamado del supuesto secuestrador. “¿Cómo sé que es mi hijo?” – preguntó. Del
otro lado le brindan los datos de su hijo indicándole incluso que fue
secuestrado a metros de su ingreso a la
facultad; y para cuando la mujer pide hablar con él, solo pudo escucharse una
llamado de auxilio que dijo “mamá, soy yo” y esta la confundió con la voz de su
hijo.
El secuestrador le solicitó cinco mil pesos en tarjetas de telefonía
celular de varias compañías luego de que la mujer le preguntara qué pedía a
cambio de la libertad de Ignacio. “No cuelgues nunca el teléfono… nosotros
escuchamos todo desde acá y te vigilaremos cuando salgas a la calle; si avisas
a alguien entonces tu hijo, muere” – le indicó el delincuente mientras Petrona
se disponía a salir a la calle tras tomar un dinero que tenía en su mesa de luz
tras haber cobrado su jubilación días atrás.
De manera meticulosa, la mujer siempre con el celular intercomunicado
dentro de su bolsillo, se dirigió a un kiosco a media cuadra de su casa y
compró varias tarjetas por el valor de cinco mil pesos incluyendo la ganancia
agregada del comerciante. “¿Todo bien, Petrona? ¿Para qué quiere tantas
tarjetas?” – le preguntó de curioso el kiosquero a lo que la señora le
respondió que era para participar de un juego televisivo y, para evadir otras
preguntas, salió el comercio en dirección a su hogar.
Dentro de su casa, con el celular
en altavoz se sentó junto a la mesa del comedor y comenzó a raspar las bandas
de los códigos numéricos de cada una de las tarjetas. Y tras indicaciones del
secuestrador, Petrona les fue pasando cada una de esas series de manera
pausada.
Luego el delincuente le pidió que tome todas las tarjetas ya raspadas,
las coloque dentro de un balde y junto con otros papeles, las prenda fuego. Así
lo hizo la mujer siempre bajo la presión de que estaba siendo observada desde
lejos. Y cuando hubo terminado, el secuestrador la felicitó y antes de cortar,
le informó que su hijo sería liberado en la puerta de la facultad. Petrona
terminó llorando apoyada sobre su mesa y a la media hora recibió el llamado de
Ignacio que le comunicó muy feliz el haberse recibido; el joven salía de la
facultad, era felicitado por sus amigos pero se encontró con las llamadas
perdidas de su madre.
En realidad el secuestrador no era más que un detenido de la cárcel de
Piñeiro que contaba con un teléfono celular de incógnito en su celda. ¿Cómo
obtuvo el número de Ignacio? – Este lo tenía publicado en su Facebook, donde
incluso semanas atrás había posteado que se acercaba tal día en que debía
rendir el final de su carrera. ¿Cómo consiguió el número de Petrona? – Cuando
llamó primero al joven, para confirmar el supuesto cambio de plan, el falso
promotor le pidió otro número auxiliar e Ignacio le paso el de su madre. ¿De
quién era la voz de auxilio? – Simplemente pertenecía a otro compañero de su
celda, con quién luego compartió las recargas para mensajes y llamadas.
Y aunque luego intentaron llamar al número que había aparecido en el
celular de la mujer, nunca tuvieron éxito. Puesto que la línea pertenecía a un
chip sin dueño que un familiar del preso había adquirido, como otros, a veinte
pesos en un kiosco del barrio.
La Posta Hoy, 29/08/15
sábado, 22 de agosto de 2015
ROBO A-Z: GANGA
Lo habitual era
que Darío esperara, como todas las mañanas, el colectivo interurbano que lo
dejaría a metros de una fábrica en la que era operario. Pero en esta
oportunidad, llegó a la parada
minutos antes de las seis de la mañana, observó que no hubiera nadie a su
alrededor, tomó una remera que tenía en su bolso de trabajo, vendó su mano
izquierda y se dirigió rápidamente al dispensario que estaba a pocas cuadras.
Ingresó al nosocomio y el médico de guardia lo recibió haciéndolo pasar a
su consultorio casi de incógnitos sin ser vistos por otros pacientes que
esperaban a ser atendidos. Darío se sentó, quitó la venda y colocó el brazo
sobre una camilla. El profesional le anestesió el brazo y tras la indicación de
que mirase para otro lado, tomó un bisturí e hizo un corte largo en su palma. Y
finalmente el mismo médico le prestó la atención correspondiente mientras que
él dio aviso por un sms a su supervisor de que había tenido un accidente y no
se presentaría a trabajar.
Media hora más tarde, el abogado de Darío se presentó en el dispensario
para constatar lo que había ocurrido; y tras charlar previamente con el médico
acompañó a su cliente a hacer la denuncia policial: “estaba en la parada,
esperaba el cole para irme a trabajar y en ese momento se me acerca un loco que
con una navaja me pide la mochila y el celular. No se lo quiero dar y en el
forcejeo agarra la navaja y me corta la mano” – declaró ante la autoridad
policial que con un solo dedo tipiaba el relato en el ordenador. “Contale cómo
estaba vestido y en qué estado estaba” – le sugirió abogado con un guiño a lo
que su representado agrega: “tenía una capucha así que no pude ver la cara y
para mí estaba drogado o algo de eso, porque cuando me cortó, se asustó y salió
corriendo como si estuviera mareado.”
Casi en simultáneo, pero en otro lugar de la ciudad, Carlos llegó a su
lugar de trabajo rengueando y quejándose por un dolor muy fuerte en su pie.
Apenas marcó su ingreso en la portería, se apoyó contra la pared y dando aviso
a su encargado fue visto por un médico que tras trasladarlo al hospital y
hacerle la radiografía correspondiente, le informó que tenía una fractura de
tibia y peroné. “Venía lo más bien y cuando estaba bajando del colectivo para
ir a la fábrica, desciendo y piso mal en un pozo junto al cordón cuneta. Es que
me bajé cuando el cole aún estaba en movimiento y ahí comencé a sentir el dolor
intenso en el pie” – contó.
En realidad la versión de lo acontecido difería a lo que Carlos relató.
La fractura se la había hecho el día anterior por la tarde mientras jugaba un
picadito en el potrero del barrio y fue trabado por un jugador contrario, un
gordo lo más parecido a un ropero que acostumbraba a mezclar en el futbol técnicas
de boxeo, taekwondo y rugby. Un amigo lo llevó hasta el hospital donde fue
asistido por un profesional pero nuevamente en su casa se comunicó con su
abogado preguntándole cómo aquello podía perjudicarle en su trabajo. Entonces
tras la recomendación del letrado, se quitó el yeso, aguantó el dolor toda la
noche y esperó el trayecto hacia su trabajo para manifestar que se había hecho
la lección al bajar el colectivo y a pocas cuadras de la fábrica.
Dos horas más tarde, en otra fábrica, una mujer de unos cuarenta años,
de nombre Esther, vigilaba que una maquina industrial realizara los cortes de
tela y prensado pertenecientes a la línea de producción. Su función no era más
que la de asistir visualmente y ante cualquier desperfecto o error de la
máquina, dar aviso a su supervisor. Pero tras asegurarse que ningún compañero
la estuviera observando, cerró los ojos y colocó su mano derecha debajo de la
prensadora para cortarse el dedo índice. Gritó, fue asistida por otros
operarios y finalmente fue trasladada al hospital sin posibilidad de recuperar
su falange. Y cuando estaba más tranquila, con su mano sana tomó su celular y
mediante un watsapp le dio aviso con un “listo” a su abogado.
El mismo abogado representó a los tres operarios sin ningún tipo de
vínculos entre ellos ni entre sus lugares de trabajo. En los tres casos, este
letrado fue el ideólogo del accidente al ser muy amigo de sus clientes y a
quienes les había asegurado que esos juicios laborales se ganarían sí o sí; “aun
los que ocurren en el trayecto al lugar del trabajo” – les explicó a los dos
primeros. Se encargó de realizar el juicio correspondiente a las ART y a los
meses cobró sus respectivos honorarios dando también la parte que le
correspondía al médico que hizo el corte en la mano de Darío; “prepárate porque
vas a tener otros pacientes” – le expresó al profesional de la salud.
Y los tres empleados disfrutaron del dinero a su manera: Darío pudo,
junto a otro dinero que tenía ahorrado, comprar un terrero y edificar su casa;
Carlos se compró un auto, el que hacía tiempo deseaba comprar pero lo veía como
imposible con su escueto sueldo y Esther se dio el gusto de viajar y conocer
las playas de Brasil aunque con un dedo menos.
La Posta Hoy, 22/08/15
sábado, 15 de agosto de 2015
ROBO A-Z: FERMATIXLIN
Un sábado por la
mañana, una avioneta sobrevoló un campo lindero a la zona urbana esparciendo
sobre la siembra una especie de agroquímico. Hizo varias veces el recorrido
hasta que en cuestión de veinte minutos, terminó por alejarse casi sin ser
percibido por los vecinos de la zona. Y sin embargo, con el paso de los días,
algo comenzó a ocurrir teniendo a varias personas como protagonistas.
El día miércoles,
una mujer de unos cincuenta años se presentó en el consultorio de dermatología
para que el profesional le observe algunas manchas que aparecieron en algunas
partes de su cuerpo. Se trataba de una extraña hiperpigmentación de color roja
que, aunque sin producir picazón, era muy molesta estéticamente. El dermatólogo
de renombre, tras observar las manchas, le expreó que ese tipo de manchas son
producidas solamente por el contacto con un químico de poco uso; “lo extraño es
que en estos últimos tres días, esta es la quinta consulta similar” – manifestó
a la paciente.
Pero sin
transmitir a la señora su preocupación, terminó por recetarle una crema de
nombre Fermatixlin; “es de las más caras pero muy efectiva para este tipo de
manchas” – le recomendó aclarándole que incluso su compra no tenía descuento
por ninguna obra social. A los veinte minutos, la paciente entra en una
farmacia y con la receta termina de adquirir la crema en un pote de ciento
cincuenta gramos al costo de novecientos pesos. Y lo llamativo es que en la misma farmacia, en
el trascurso del día se vendieron otros cuatro potes iguales.
Al día siguiente
nuevamente el dermatólogo recibió la visita de una madre y su hijo de diez años
con las mismas manchas en su piel. Tras una simple observación, el profesional
da otra vez el conocido diagnóstico y receta Fermatixlin para la cura y
eliminación de esa pigmentación. Y, para entonces, una alerta se generó en la
mente del médico que pidió a la administración del Centro de Salud donde
trabajaba, el legajo de sus últimos pacientes.
Se llevó la
documentación a su consultorio y por varios minutos permaneció a puertas
cerradas estudiando de manera más profunda cada caso. Tras varios minutos, dejó
la papelería sobre su escritorio y tomó nota de lo que había descubierto: todas
las personas que se habían presentado con manchas iguales en su piel, residían
en el mismo barrio o zona de la ciudad.
Entonces para la
siguiente consulta con la misma problemática, el profesional indagó un poco más
sobre el la zona de residencia; “el químico que produce estas manchas se
encuentra solamente en algunos agroquímicos que están prohibidos” – comentó al
paciente. Y así fue como, tras la información aportada por el vecino, se
comprobó que días atrás una avioneta había estado fumigando con ese químico en
un campo aledaño al barrio damnificado.
Y aunque los
vecinos que sufrieron el contacto con ese agroquímico hicieron la denuncia
correspondiente y el caso tomo estado público, muy poco se avanzó en el tema
del cual nunca se encontró responsables penados y en cuestión de dos semanas,
todo pasó al olvido. Porque incluso el Fermatixlin había producido sus efectos
sin dejar cicatrices en la piel de los damnificados y no hubo otras
consecuencias adversas o mayores para el químico en cuestión.
Solo pudo darse
con el piloto de la avioneta pero su declaración ante la justicia le sirvió
para que el juez lo declare inimputable; “mi idea no era fumigar esa zona sino
solo probar los aspersores de mi nave y sin querer, utilicé ese agroquímico que
tenía guardado de años en un galpón de mi campo” – había confesado. El hombre
no tuvo siquiera que pagar una multa por su error y terminó por pedir disculpas
a los vecinos mediante su Facebook.
Lo que sí
ocurrió es que el dermatólogo, trascurridas varias semanas, se comunicó
telefónicamente con un amigo que justamente trabaja en el laboratorio que
produce Fermatixlin. “Hice mi trabajo” – le comentó el profesional a su
compañero quien no tardo en agradecerle; “sí, lo sé… me informó el distribuidor
que en cuestión de días se vendieron más de treinta potes en tu ciudad… todo un
record.” Y así es como el médico recibió en su cuenta corriente, un depósito
por diez mil pesos en concepto de regalía de parte del laboratorio.
Pero aún hay más,
el principal titular del laboratorio es el mismo gerente de la fábrica que
produce el agroquímico esparcido en aquel campo; “usa estos químicos desde tu
avioneta que no son mortales pero me ayudará a vender unas cremas” –le había
pedido a su primo, quien fuera el piloto de la avioneta. “Mira que si se
descubre todo no quiero ir preso” – le refutó el pariente antes de colocar el
producto en los fumigadores; para lo cual el empresario le manifestó: “no te
preocupes, con lo que ganó de las cremas vendidas me alcanza también para
adornar al juez.”
Y a los dos
meses, cuando lo ocurrido en la ciudad quedó en el olvido, las manchas aparecieron
en vecinos de otra población distante de la provincia. Puesto que en esa
localidad, también trabajaba el famoso dermatólogo, había sobrevolado la misma
avioneta y la causa la tomó el juez de siempre. Allí también hubo venta record
de Fermatixlin.
La Posta Hoy, 15/8/15
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