Eran las ocho de la mañana de un frío
jueves. Lloviznaba y nadie transitaba por la calle en aquel momento. Margarita llegó
al lugar donde se dirigía al instante que se le erizó la piel y una sensación
tenebrosa invadió su cuerpo. Por un momento detuvo sus pasos para mirar hacia
atrás luego de oír un silbido, pero, para su sorpresa, no había ninguna otra
persona.
Se persignó y comenzó a caminar por
lo que parecía un largo, frío y húmedo pasillo en medio de un bosque oscuro
habitado por salvajes y hambrientas fieras. Cuando hizo sus primeros pasos en
aquel sombrío camino sintió el aullido de un lobo que le daba la sensación de estar
más cerca de lo que sus ojos podían percibir. Volvió a detenerse, cerró sus
ojos fuertemente y se encomendó en oración a Dios. Cuando volvió a mirar, nada
había a su alrededor más que siluetas fantasmagóricas que se vislumbraban entre
los arboles.
“Hija, ten cuidado cuando vayas” – le
había recomendado su abuela la noche anterior.
Pero aunque Margarita supuso que iba
a encontrarse con una terrorífica odisea, jamás pensó que hallaría tanta
sensación de abandono y desorden a su alrededor.
Caminó lentamente pisando las últimas
hojas secas que quedaban del otoño pasado. Cada crujir bajo sus pies aceleraba
el latido de su corazón y hacía eco en el lejano fondo de aquel pasaje. Fue
allí cuando experimento que algo pesado atravesaba por sus pies. Se paralizó,
bajó su mirada y observó que una negra serpiente pasaba sobre sus zapatillas.
Abrió su boca pero no se animó a emitir un grito por temor a que la víbora
reaccionara mordiéndola. Cuando el animal pasó de largo, Margarita volvió a
respirar y siguió caminando.
Con el próximo crujir de las hojas
unos murciélagos se lanzaron al vacío sobrevolando su cabeza. Pero Margarita
tomó coraje y no se detuvo aun teniendo la sensación de que enormes ojos la
observaban a su alrededor. Eran miradas terroríficas de atroces bestias
dispuestas a dar muerte a inocentes criaturas. Siguió caminando hasta llegar a
una vieja puerta que parecía no abrirse por miles de años.
Extendió lentamente su mano derecha
para abrirla cuando una fuerte voz le susurró: NO! Nuevamente la piel se le
erizó pero cuando descubrió que nadie estaba a su lado, se dispuso a abrirla. Había
atravesado un triste pasaje por tres horas y aun quedaba un breve tramo por
atravesar detrás de aquella puerta que lentamente comenzó a abrirse acompañada
del ruido de sus bisagras.
Cuando la puerta terminó de abrirse
una risa maquiavélica salió de su interior. Aquel lugar oscuro parecía una
abandonada tumba donde cientos de arañas se escabullaron en sus escondites al
momento que Margarita comenzó a ingresar. Ya no había hojas secas bajo sus pies
sino lodo y algo más. De pronto sus pies tocaron algo macizo, tomó su celular Nokia
1100 para alumbrar a sus pies y así visualizó un esqueleto. El espanto invadió
su espíritu y caminó unos pasos hacía atrás. Pero al instante volví a tomar
valor e iluminó la mano de aquel cadáver en cuyos dedos se encontraba un papel
con la leyenda: “turno: junio de 2015”.
Cuando acabó de tragar saliva
visualizó una nueva puerta llena de desesperados rasguños. Allí comprendió que
aquel cadáver pertenecía a una persona que se cansó de pedir a gritos que le
abrieran hasta que finalmente terminó entregando su vida al tenebroso lugar. Quitó
con sus manos enormes telarañas que colgaban frente a su rostro de tal manera
que pudo visualizar una titánica y oxidada manilla. Puso allí su mano derecho y
abrió la puerta lentamente mientras que, nuevamente, un ensordecedor ruido de
bisagras inundó el lugar.
Finalmente entró:
“¿Sra, puedo ayudarle en algo?” – le
preguntó una empleada a Margarita.
“Vengo para renovar mi DNI.”
“Bueno, tome su turno… tendrá que
volver en quince meses.”
Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 14/04/2012
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