Hoy, la historia del casco en Arroyo
Seco.
Siempre existió pero tuvo su momento
de gloria cuando hace algo de cuatro años atrás, el flamante y nuevo gobierno
impulso su uso casi a rajatablas. Por entonces, salieron de los lugares de
ventas como pan caliente… de diferentes colores y formas, pero siempre en mano
de un conductor que tenía temor a que le sustrajeran su moto.
Su uso alteró la cordialidad entre
los amigos. Tal es el caso de Julieta y Morena, dos jóvenes, que rompieron con
su amistad de años simplemente porque una de ellas iba en moto y no fue
saludada por su amiga que desconocía la identidad que se escondía debajo de
aquel casco. Y hubo muchos más que se quedaron con el brazo en el aire sin
recibir el saludo de vuelta de peatones que miraban el casco con ojos achinados
tratando de descubrir a quién manejaba.
Otros sirvieron para usos diferentes:
protector de golpes en el codo y otros como colgantes para las muñecas de sus
brazos. Darío llevó su casco en su codo y sin medir distancias, rayó el costado
izquierdo del vehículo de su vecino que lo había estacionado frente a su casa.
Y doña Maria no solo que lo llevaba siempre en su muñeca sino que dentro de él
colocaba su abultado monedero con el que iba a hacer las compras al super Día.
Por el, varias denuncias llegaron a
la oficina de Defensa del Consumidor reclamando tamaños XXL que eran difíciles
de conseguir en los lugares de venta. Se
supo de un muchacho que estuvo casi tres horas probándoselos en el negocio y al
no entrarle ninguno, optó por cortar en dos un tambor vacio de doscientos
litros para crearse su propio casco.
Gran cantidad de conductores se lo
compraron por temor a que no le quitaran su vehículo. Aunque, por ejemplo,
Pedro se lo compró pero igual se la sacaron ya que no tenía ni seguro, ni
patente, ni carnet de conducir y al momento del operativo iban cuatro personas
en su Zanella 50. Y se supo de un paisano que se lo compró para andar en sulky
por temor a que le sacaran su caballo que tampoco estaba en reglas.
Y no tardaron en aparecer las quejas
por el valor de los mismos. Mauricio manifestó su queja a sus amigos luego de
habérselo comprado: “Esto es un robo… un casco $ 150, ¡con lo que a uno le
cuesta ganar esa plata!” Luego saludó a sus amigos y se subió a su motocicleta
que había abonado $ 18000 en efectivo. Y, desde la otra vereda, Mirta se compró
un casco cuyo valor era mayor al de su moto.
Pero hay quienes evitaron gastar esa
suma de dinero; tal es el caso de Ruben que usaba en la calle cuando transitaba
en su moto, el casco que le habían dado años atrás cuando era empleado de
Toepfer. E inclusive, Carmen, una docente de nivel inicial se lo confeccionó
con un globo de cumpleaños bien inflado al que cubrió con pedazos de papeles de
diarios pegados con engrudo. Secado, pinchó el globo, lo pintó de color negro y
salió a la calle.
Pero si de cosas locas se trata,
también Nerina, una abuela de la ciudad, se lo compró sin tener una moto.
“¿Busca un casco abuela?”- le
preguntó el vendedor algo sorprendido.
“Si, joven, deme aquel grande y de
color rojo” – le respondió la abuela muy decidida.
Resultó ser que todas las tardes
sacaría a pasear a su perro chihuahua dentro del casco mientras lo trasladaba
tal como Caperucita y su canastita que iba a casa de su abuela. Y su perrito viajaba
allí lo más pancho y protegido, claro, de todo golpe.
También se rumoreó de otra abuela que
en la oscuridad de la noche manoteó el casco de su hijo debajo de su cama
confundiéndolo con su pelela. Lo peor fue que su hijo al día siguiente salió
corriendo para su trabajo y se lo colocó en su cabeza sin antes mirar lo que
había adentro. Y mucho más trágico fue lo que le ocurrió a Ramiro que se lo
puso luego de levantarlo del piso sin percatarse la araña gigante que estaba
dentro del mismo.
Y así recopilamos un par de historias
de cascos que jamás llegaron a ser cascos.
Pero de lo que estamos seguros todos
es que su uso es muy importante. Así que USELO, pero como corresponde…
igualmente antes de ponérsele sacúdalo bien, no vaya a ser que haya alguna
araña o el regalo de su abuela que lo confundió con la pelela.
Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 07/04/2012
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