sábado, 15 de diciembre de 2012

QUIERO MATAR A MI JEFE II


(Segunda parte)

Cansado de las continuas torturas verbales que Miguel sufría de parte de su jefe y guiado por la idea de su mejor amigo Carlos, decide contratar a un tal Dario, asesino por encargue, de Villa Gdor. Gálvez para terminar con aquella pesadilla laboral. Es en la plaza San Martín donde cierra ese informal contrato ante un móvil del comando que sigue de largo en dirección a Fighiera y devolviéndole el aliento a ambos.
Cuando hubo anotado toda la información, Darío agarró aquel papel y los seis mil pesos y los guardó en el bolsillo trasero del pantalón: "en cinco días como máximo, ese tipo dejará de existir en el mapa."
"Lo que me preocupa es que este loco me denuncie" -le manifestó Miguel a Carlos en medio de unas copas nuevamente en La Tablita. Su amigo lo comprendió en esa preocupación, pero rápidamente se salieron de tema al observar una interesante jugaba en un clásico Boca - River. Y nuevamente en el asunto, Carlos le expresa que en todo caso le convendría contratar a otra persona para que matase al que acabara con su jefe.
De la segunda idea, Miguel ni lo piensa y se dedica a festejar el triunfo xeneise junto con otras personas en la intercesión de H. Irigoyen y San Martín. Ahí arrojarían unas bombas y marcharían un par de cuadras por las calles principales hasta regresar al lugar.
Al día siguiente, nuevamente la misma película de terror de todos los días. Por un lado, Miguel trabajaba con la seguridad que muy pronto eso acabaría, pero por momentos un miedo lo invadía al sostener que podía ser descubierto. En el tiempo del almuerzo dialoga con un compañero de fábrica que estudiaba derecho:
“¿Cuántos años le pueden dar a una persona que manda matar a otra?”- le pregunta. “Muchos” – responde su camarada obligándole a tragar saliva.
Antes de regresar a su casa, decide pasar por la parroquia para dialogar con el sacerdote. Allí lo atiende una simpática secretaria que le expresa que es muy difícil ubicar al Padre, pero que en su reemplazo estaba el vicario, un segundo que debía ganarse con mucho sudor su lugar hasta ser enviado a otra ciudad como párroco principal. Miguel le cuenta al religioso de lo mal que lo pasaba en su empresa con la presencia de su jefe, pero antes de comentarle sobre su decisión, el cura le expresa: “hijo, tenés que perdonarlo y olvidarte de todo lo que te hace ese hombre.”
Miguel sale de la iglesia muy cabizbajo. Camina hasta Grido para tomarse un económico helado y cuando camina frente al edificio en construcción próximo a la heladería, envía un mensaje a Darío pidiéndole si podían volver a encontrarse nuevamente. El remitente le responde que no; que el encargo ya estaba hecho y que no había vueltas atrás. Pero las cosas se le complicaron un poco más cuando llegó a su casa y su esposa lo recibió con la pregunta de dónde estaba el dinero del ahorro. Terminó por mentirle diciéndole que lo había prestado a su amigo Carlos que lo necesitaba para un negocio.
Yendo a su trabajo, las cosas en la mente de Miguel estaban más complicadas que nunca. Pensaba que iba a llegar a la fábrica y recibir la noticia del asesinato de su jefe. Pero para su sorpresa, el desgraciado seguía con vida. Entonces, viendo que no puede frenar a quien contrató, decide hablar con don Santos para prevenirlo.
“Santos, jefe, ¿puedo hablar con usted?” – le expresa a media mañana mientras movía unos pallet con quinientos kilos de un lugar al otro del depósito.
“¿Qué querés?” – le preguntó de muy mala manera su superior.
“Eh… eh…” – Miguel comenzó a balbucear sin encontrar la punta del hilo para iniciar la conversación. A todo esto, don Santos lo mira y muy enfurecido, le manifesta:
“¡No ves que sos un vago! ¡Me queres hacer perder el tiempo para no laburar! Ahora por esto voy a pedir que te aperciban y te saquen el premio del sueldo…”

Miguel quedó con la boca abierta ante su jefe que se alejaba del lugar echando humo de su cabeza. Entonces tomó nuevamente su celular para armar otro mensaje para Darío: “¡Que sea cuánto antes, por favor!” – le envió.

 (Continúa en la próxima edición.)

Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 15/12/2012

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