sábado, 29 de diciembre de 2012

DE FAMILIA Y FIESTAS


Ocasión para unir a la familia hay muchas durante la vida, pero nada tan especial como lo son las fiestas. Ahí es donde se vuelven a ver los parientes que hace meses no se veían por esas cosas de la vida o simplemente porque se soportaban lo poco y suficiente. Pero ahí se juntan todos alrededor de la mesa para celebrar el fin de un año y el comienzo del otro.
Estará el abuelo que comenzará a brindar de temprano, que no llegará a la medianoche y que recién se enterará que es un año nuevo a las seis horas del día siguiente donde se levantará a tomar mate con su esposa y el pan dulce comprado en Los Nonos. Estarán presentes las cuñadas que poco se toleraron durante el año, pero que para el momento de salutación se abrazaran como amigas mientras que por dentro se reirán de lo desalineada que se vistió la otra.
Estará la tía que siempre corre hasta el último momento, la que estuvo hasta última hora de la tarde en El Príncipe comprando las frutas para la ensalada de sus sobrinos. La que además apartará algunas de esas frutas en otra olla para el claricol de los más grandes. La que cuando los demás solo piensan en sentarse a comer, llegará al lugar del encuentro en bicicleta cargada de bolsos de pan, carne, servilletas, papas y budines.
No faltará la tía que aclarará antes de la comida que está a dieta. Que primero extraerá de su bolso un tapper con una ensaladita de lechuga y zanahorias, pero que minutos antes de la medianoche terminará prendiéndose de la parte más grasosa del lechón que todos están comiendo. Eso sí, al día siguiente se sentirá con culpa y se excusará que la dietista le había permitido algo de esas cosas para las fiestas.
También estará el sobrino preadolescente que separará las frutas abrillantadas del pan dulce. Su madre lo volverá a retar como todos los años y también nuevamente saltará su abuela para defenderlo. Y estará su hermanito que a partir de las ocho de la noche cansará a todos con las ganas de tirar los cuetes que su primo mayor compró... y estará la madre que siempre dirá la frase de todos los años: "tené cuidado! No te acerques cuando no exploten! Que los más grandes los tire tu padre!"
No faltará la prima preocupada por taponear el oído de sus mascotas asustadas por las bombas. Ni el primo que jamás se enterará qué es lo que se celebra y dirá "¡Felices pascuas!" a todos los presentes. Ni las hermanas que se pondrán al día con los chismes del barrio después de no verse por varios meses. Ni las tías a las que se les caerán unas lágrimas recordando a los que ya no están.
El bebé último en sumarse a la familia recibirá el año nuevo durmiendo en la cama de la abuela y no faltará el sobrino que hará una broma con la pelela o la dentadura del abuelo. Pero estará el sobrinito de tres años que será el centro de atención cuando su madre le pida que cante la canción que le enseñaron en el jardín... lo hará y las tías se babearán apretando sus cachetes. Y como tampoco faltará la nueva novia del primo que por ser la última en sumarse al clan, estará sola en un rincón más perdida que perro en cancha de bocha.
No podrá faltar el momento de los regalos y es ahí cuando todos dirigirán su mirada a la tía más rica para ver qué regalos trajo para todos: juguetes para sus sobrinos comprados en Amilcar y utensilios de cocina para la abuela y tías comprados en Libra. Los sobrinos más grandes recibirán un nuevo par de medias o de calzoncillos para su colección y luego todos se emocionarán cuando el sobrino de cuarenta y ocho años anunciará que ese nuevo año piensa casarse. Y además se sumará el vecino que de casa en casa va saludando y probando algo, hasta que da la vuelta a toda la manzana y se olvida hasta de dónde queda su propio hogar.
La tía rica sacará un vino fino y brindará con Champagne. Su cuñada más delicada lo hará con sidra sin alcohol comprada en La Muralla y sus cuñados y sobrinos jóvenes se tomarán todo lo que haya sobre la mesa. Una de las tías sacará, casi cuando se están por ir todos a dormir, un pan dulce con chocolate después de que su marido la mandara al frente de estar guardándolo para ella sola. Y no faltará el primo que se la dará se disk jockey y que animará la fiesta, toda la noche, siempre con el mismo cd de La Liga en su centro musical.
No podrá faltar el corcho que caerá justo frente a la prima que lleva once años de noviazgo. Ni tampoco la caña voladora que traspasará accidentalmente el calzón que la abuela olvidó de bajar del tendedero de ropa. Habrá un tres tiros que solo emitirá dos explosiones y un sobrino que, a falta de recursos, sacrificará la última birulana que le quedaba a una de sus tías.
Para el baile estará el tío que saldrá a la pista haciendo el baile del caballo y hará reír a todos; y las primas que apenas pase la medianoche, se irán a saludar a sus amigas regresando recién al día siguiente.  La abuela quedará dormida en la silla y el primo medio tomado se querrá encarar a la vecina que vino a saludar vistiendo ropa muy ajustada. El sobrinito seguirá asustando a las tías con sus cebollitas y fosforitos hasta que su madre se le agote la paciencia y lo mande a dormir después de prepararle la mamadera; aunque su tía le pedirá que lo deje un rato más despierto.

Así es como la familia se unirá para la ocasión: divertidos algunos, otros malhumorados, otros bien golosos pero todos juntos para desearse un mejor y buen futuro en el momento en que todo el cielo de Arroyo Seco se ilumine de fuegos artificiales y cada uno salude a su par diciéndole: Feliz Año Nuevo!

Publicado en el semanario "La Posta Hoy" el 29/12/2012

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