sábado, 2 de noviembre de 2013

SIETE (parte 7)



Pocas veces pensamos que la magia puede salirse de la ficción y aparecer en nuestras vidas. Y menos cuando creemos que algo mágica puede ayudarnos a mejorar nuestra realidad. Tampoco Gaspar, días atrás, iba a imaginarse que una caja que le entregó una extraña mujer en la plaza San Martín iba a tener el poder de hacer desaparecer a las primeras sietes personas cuyos nombres depositara dentro de ella. Pero, ¿qué ocurre cuando otras personas con su inocencia ponen en vilo esa magia?
Damaris, de seis años, es sobrina de Gaspar y estaba a punto de romper la caja con un martillo creyendo que se trataba de una alcancía. El entra a su cuarto y al encontrarse con aquella escena, le ordena a un solo grito que no lo haga. La nena deja el martillo a un costado y finalmente su tio termina de guardarla sobre el ropero pero consintiéndola con un billete… que en definitiva, era lo que ella estaba deseando. Cuando el susto pasó, se conecta a internet pero ahora para chatear con Gisel, su ex novia, una joven empleada de un supermercado céntrico.
A los pocos minutos regresan a casa Nerina con su hija Verónica luego de buscar por el sector de la plazoleta de la estación de trenes a su esposo. Cuando Verónica propone hacer la denuncia, su hermano le sale al cruce indicándole que lo mejor era esperar otro día mas, “recién toman una denuncia por abandono de personas cuando pasan un par de días… papá se fue porque quiso” – argumentó.
Pero no solo el sabia que Ulises no iba a regresar, sino también Tania, la novia de Gaspar. Y a ella, eso le había molestado mal a tal punto de irse enojada con su novio. Llegó a su casa llorando y aunque a cada rato, veía en la pantalla de su celular las llamadas de él, no quiso atenderlo. Luego termina por enviarle un mensaje: “Gaspar… ¡no te das cuenta lo que has hecho con tu papá! Haz que aparezca o realmente iré a la comisaria a denunciarte.” El mira el mensaje y termina por romper su teléfono arrojándolo contra la pared.
Mas tarde, más tranquilo, dialoga con su hermana a solas sentados en el umbral de la casa. “Vero, ¿nunca pensaste lo bueno que sería hacer desaparecer completamente  al que intentó abusar de Damaris?” – preguntó él. Ella lo miró, y aunque desconocía el punto de la cuestión, midió su respuesta; “hizo mucho mal pero no soy quien para desearle su muerte… es Dios quien se encarga de eso.” Allí fue donde Gaspar puso punto final a la conversación, porque aunque sabía que no se trataba de una muerte, también entendía que su hermana no le iba a comprender lo que podía hacer con su caja.
Lejos de allí, en Villa Gdor. Galvez, los agentes Renato y Marcos dialogan con los empleados de la fábrica donde ejercía funciones Alfredo. Su trabajo consistía en simplemente recopilar información acerca de posibles enemigos que este jefe pudo tener antes de su misteriosa desaparición. Allí es donde varios operarios de la empresa comienzan a coincidir en que el único a quien Alfredo trataba mal era Gaspar de Arroyo Seco. Marcos mira al investigador quien le aseguró tener el dato que necesitaba para explicar, de alguna manera, lo que estaba pasando en la ciudad.
Media hora más tarde, dentro de una oficina de la seccional 27ª ambos siguen dialogando y trabajando sobre todos los datos obtenidos. Aun así, Renato no tenía la explicación racional a la manera en la que una persona podía hacer desaparecer a otros. Y para cuando todo parecía un ovillo donde resultaba difícil encontrar su punta, aparece Tania en la dependencia y es atendida por ambos.
Siempre creemos que para todas decisiones que tomamos, tendremos a los que amamos a nuestro lado. Pero su apoyo también es limitado. Entonces ahí nos damos cuenta que el amor de dos personas no tiene nada tiene que ver con las razones de ser y los deseos de cada una de ellas. “Y creo que también a su padre hizo desaparecer” – culmina el relato ante los agentes. Allí es donde Renato le informa sobre la ropa y determina a quién le correspondía.
Por unos instantes, Renato y  Marcos salen de la oficina y fuera de la comisaria acuerdan rápidas acciones sobre el caso; “iré a buscarlo” – informó el investigador. Renato se sube a su auto para ir tras el arresto de Gaspar mientras que  Marcos, por su parte, no pudo evitar pensar, por momento, qué útil le resultaría en sus manos tener esa caja; “¿y qué ocurre si se coloca el nombre de la presidenta o del gobernador?” – es otra pregunta que pasó por su cabeza. Luego regresa a la oficina y para su sorpresa, Tania no estaba.
Sentado en su cama, Gaspar tiene la caja entre sus manos y no puede evitar llorar. A su lado, muy minuciosamente, se sienta su sobrina, “¿tío, por qué estas triste?”. El obvia la respuesta y dejando el cofre sobre la mesa de luz acompaña a la niña a su cuarto, la arropa y le da un beso en al frente. Regresa a su habitación y se duerme.


(continúa en la próxima edición)

La Posta Hoy - 02/11/2013

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