Pocas veces pensamos que la magia puede
salirse de la ficción y aparecer en nuestras vidas. Y menos cuando creemos que
algo mágica puede ayudarnos a mejorar nuestra realidad. Tampoco Gaspar, días
atrás, iba a imaginarse que una caja que le entregó una extraña mujer en la
plaza San Martín iba a tener el poder de hacer desaparecer a las primeras
sietes personas cuyos nombres depositara dentro de ella. Pero, ¿qué ocurre
cuando otras personas con su inocencia ponen en vilo esa magia?
Damaris, de seis años, es sobrina de Gaspar y
estaba a punto de romper la caja con un martillo creyendo que se trataba de una
alcancía. El entra a su cuarto y al encontrarse con aquella escena, le ordena a
un solo grito que no lo haga. La nena deja el martillo a un costado y
finalmente su tio termina de guardarla sobre el ropero pero consintiéndola con
un billete… que en definitiva, era lo que ella estaba deseando. Cuando el susto
pasó, se conecta a internet pero ahora para chatear con Gisel, su ex novia, una
joven empleada de un supermercado céntrico.
A los pocos minutos regresan a casa Nerina con
su hija Verónica luego de buscar por el sector de la plazoleta de la estación
de trenes a su esposo. Cuando Verónica propone hacer la denuncia, su hermano le
sale al cruce indicándole que lo mejor era esperar otro día mas, “recién toman
una denuncia por abandono de personas cuando pasan un par de días… papá se fue
porque quiso” – argumentó.
Pero no solo el sabia que Ulises no iba a
regresar, sino también Tania, la novia de Gaspar. Y a ella, eso le había
molestado mal a tal punto de irse enojada con su novio. Llegó a su casa
llorando y aunque a cada rato, veía en la pantalla de su celular las llamadas
de él, no quiso atenderlo. Luego termina por enviarle un mensaje: “Gaspar… ¡no
te das cuenta lo que has hecho con tu papá! Haz que aparezca o realmente iré a
la comisaria a denunciarte.” El mira el mensaje y termina por romper su
teléfono arrojándolo contra la pared.
Mas tarde, más tranquilo, dialoga con su
hermana a solas sentados en el umbral de la casa. “Vero, ¿nunca pensaste lo
bueno que sería hacer desaparecer completamente
al que intentó abusar de Damaris?” – preguntó él. Ella lo miró, y aunque
desconocía el punto de la cuestión, midió su respuesta; “hizo mucho mal pero no
soy quien para desearle su muerte… es Dios quien se encarga de eso.” Allí fue
donde Gaspar puso punto final a la conversación, porque aunque sabía que no se
trataba de una muerte, también entendía que su hermana no le iba a comprender
lo que podía hacer con su caja.
Lejos de allí, en Villa Gdor. Galvez, los
agentes Renato y Marcos dialogan con los empleados de la fábrica donde ejercía
funciones Alfredo. Su trabajo consistía en simplemente recopilar información
acerca de posibles enemigos que este jefe pudo tener antes de su misteriosa
desaparición. Allí es donde varios operarios de la empresa comienzan a
coincidir en que el único a quien Alfredo trataba mal era Gaspar de Arroyo
Seco. Marcos mira al investigador quien le aseguró tener el dato que necesitaba
para explicar, de alguna manera, lo que estaba pasando en la ciudad.
Media hora más tarde, dentro de una oficina de
la seccional 27ª ambos siguen dialogando y trabajando sobre todos los datos
obtenidos. Aun así, Renato no tenía la explicación racional a la manera en la
que una persona podía hacer desaparecer a otros. Y para cuando todo parecía un
ovillo donde resultaba difícil encontrar su punta, aparece Tania en la
dependencia y es atendida por ambos.
Siempre creemos que para todas decisiones que
tomamos, tendremos a los que amamos a nuestro lado. Pero su apoyo también es
limitado. Entonces ahí nos damos cuenta que el amor de dos personas no tiene
nada tiene que ver con las razones de ser y los deseos de cada una de ellas. “Y
creo que también a su padre hizo desaparecer” – culmina el relato ante los
agentes. Allí es donde Renato le informa sobre la ropa y determina a quién le
correspondía.
Por unos instantes, Renato y Marcos salen de la oficina y fuera de la
comisaria acuerdan rápidas acciones sobre el caso; “iré a buscarlo” – informó
el investigador. Renato se sube a su auto para ir tras el arresto de Gaspar
mientras que Marcos, por su parte, no
pudo evitar pensar, por momento, qué útil le resultaría en sus manos tener esa
caja; “¿y qué ocurre si se coloca el nombre de la presidenta o del gobernador?”
– es otra pregunta que pasó por su cabeza. Luego regresa a la oficina y para su
sorpresa, Tania no estaba.
Sentado en su cama, Gaspar tiene la caja entre
sus manos y no puede evitar llorar. A su lado, muy minuciosamente, se sienta su
sobrina, “¿tío, por qué estas triste?”. El obvia la respuesta y dejando el
cofre sobre la mesa de luz acompaña a la niña a su cuarto, la arropa y le da un
beso en al frente. Regresa a su habitación y se duerme.
(continúa en la próxima edición)
La Posta Hoy - 02/11/2013
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