sábado, 23 de noviembre de 2013

SIETE (parte 10)



¿Realmente sabemos hacer uso de un poder? ¿Qué pasa cuando no debemos explicaciones sobre el uso que le damos a esa habilidad? ¿Podemos manejar ese poder o finalmente terminamos siendo esclavos del mismo? Son las preguntas que Gaspar y Tania deberán responder. Ciertamente ni ellos están seguros de tener esas respuestas cuando en sus manos tienen una caja con la magia de poder hacer desaparecer a cualquier persona cuyo nombre se deposite dentro de ella. Y solo quedan dos chances.
Ambos permanecen sentados próximos al predio de la estación de trenes. Esperan que nadie los descubra. Ahí intentan dilucidar cómo sigue todo, “podemos tomar el padrón y al azar, escribir cualquier nombre y hacer desaparecerla” – propone ella queriendo terminar todo; “seguramente a alguien le haremos un favor y a otros le provocaremos dolor.” Pero su novio sigue sin inmutarse. Entonces ella va por una segunda propuesta: “o busquemos en los policiales de los diarios y hacemos desaparecer al más desgraciado de este mundo… ¡así le hacemos un favor a la sociedad!”
Pero en un momento, Gaspar reacciona bruscamente contra su novia cuestionándole porqué había contado todo sobre la caja a las autoridades policiales. Ella le implora perdón mientras llora; pero el camina de lado a lado muy nervioso. “Siempre pensé que podía contar con vos” – manifiesta antes de intentar alejarse del lugar. Ella lo toma del brazo y su novio se la quita de encima con mucha ira; termina sentada en el piso: “¡perdón Gaspar! ¡Pero vos hiciste desaparecer a cinco personas de Arroyo Seco y nadie te dice nada!” El se frena por un momento pensando en esas palabras pero termina por irse.
El agente Marcos llega a la comisaria y se encuentra con la celda abierta, Gaspar y otros dos ladrones sueltos y un montículo de ropa junto al ingreso de la misma. Se agarra la cabeza pero la situación es invadida por una enorme cantidad de personas que comenzaron a agruparse fuera de la seccional 27ª. Familiares y amigos de Alfredo y Mario reclamaban por la aparición de ambos. Ninguna autoridad podía darles explicaciones, incluso el comisario prefirió no salir a hablar con los manifestantes y se provocó un momento donde comenzaron a arrojar elementos contra la dependencia.
Nerina es consolada por su hija en su casa. Ninguna de las dos podía salir del asombro aunque aun no lograban entender lo que había ocurrido con el y con su padre. Y qué hacemos cuando nuestras decisiones también lastiman a los que amamos aunque no es eso lo que queríamos. Verónica nota que en el hogar algo raro estaba sucediendo, que había mucho silencio pese a que su hija permanecía todavía en su cuarto. Va hacia la habitación, abre la puerta y se encuentra con que la pequeña no estaba allí y en cambio, había una ventana abierta. Solo había una nota sobre la cama que rezaba: “Cuando aparezca mi hermano Mario, entonces aparecerá Damaris”. La mujer corre a la cocina para informarle a Nerina que habían secuestrado a la niña.
Entonces terminamos por recurrir a aquellas personas que dejamos atrás en nuestra vida. Y no necesariamente porque con esas personas las cosas resultaron mejores, sino porque no encontramos otras salidas a la realidad del presente. Gaspar llega a casa de Gisel, que tras abrirle la puerta, se sorprende y le invita a entrar para resguardarlo de la búsqueda. Ella vive en un departamento cercano al barrio Doña Pepa. Se sientan en el comedor donde la chica observa la caja, pregunta de qué se trataba pero el le niega la verdad.
Entre el tumulto de personas que reclamaban por explicaciones frente a la seccional, intentan ingresar a la misma Verónica y su madre pidiendo por su niña. Una mujer las identifica a los gritos que se trataban de familiares del sospechoso de las desapariciones y varios vecinos comienzan a insultarlas. Pero Verónica se defiende muy alterada argumentando que busca a su hija y allí se genera una gran tensión haciendo que varios gendarmes se dieran cita en el lugar para dispersar a los presentes con gases lacrimógeno y balas de gomas. Los que podían huían y otros aprovechaban los instantes para seguir arrojando cosas contra la seccional y los policías presentes. Verónica y Nerina debieron correr hacia la esquina y para resguardarse, entraron en la sede del ASAC donde finalmente la joven se desvaneció con una profunda amargura.
De lo que estaba ocurriendo en esa cuadra, toda la ciudad comenzó a enterarse de a poco. Incluso Gisel recibe un llamado de una compañera de trabajo informándole del caos. Mientras le servía jugo a Gaspar, le transmitió la nueva; “¿pero cómo es posible que hayas hecho desaparecer a personas?” – le preguntó mientras aprovechó la situación para acariciarlo y besarlo. El guardó silencio aunque respondió al afecto recibido. De todas maneras, aquel momento fue interrumpido por el timbre de la puerta.
Cuando Gisel abre se encuentra con Tania que segura de encontrar a su novio allí adentro, entra y los confronta en el comedor. Tenía lagrimas en sus ojos y se la podía notar muy nerviosa: “¡No me iré de acá hasta que no escribas mi nombre o el de ella y lo pongas en esa caja! ¡El mío o el de ella!” – planteó.

(continúa en la próxima edición)

La Posta Hoy - 23/11/2013

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