sábado, 16 de noviembre de 2013

SIETE (parte 9)



En pocos días la vida de Gaspar había cambiado notablemente desde que una extraña mujer le había entregado en la plaza San Martín una caja dorada con la magia de hacer desaparecer a quien el quisiera y colocase su nombre dentro de ella. Primero fue Mario, enemigo y vecino de su infancia; luego Alfredo, el encargado del lugar donde trabaja; le siguió su padre y por último, Renato, el investigador que iba tras él para apresarlo. No obstante, su propia novia lo había delatado ante la policía y ahora estaba muy confundida.
Ocurre que muchas veces queremos ayudar y sin saber cómo, terminamos por perjudicar a quienes amamos. Más aun cuando actuamos bajo una emoción fuerte que solo nos impulsó a hacer algo que no puede revertirse. Y nos sentimos culpables, tristes, confundidos o solo con ganas de que el mundo se termine para nosotros. Tania, observa el auto volcado de Renato y camina llorando a la casa de su novio que vivía cerca del Hospital Nº 50. Lo llama por la ventana, Gaspar sale con la caja en sus manos y terminan hablando sentados sobre el puente próximo al nosocomio.
El sabía que algo había pasado, conocía que esa cara podía decir más de lo que expresaran los labios. Ella comienza pidiéndole perdón y finalmente le cuenta que lo había denunciado. Gaspar se incorpora asustado, comienza a insultarla y sin controlarse termina por empujarla. Tania le pide que se detenga: “¡Anotá mi nombre y ponelo en la caja!” – le ruega, “¡sé que no sirvo para nada!”
“No, ¡hoy no!” – manifiesta Gaspar descendiendo del puente pero dejándole la caja; “¡hacelo vos!”. Camina hacia su casa muy nervioso, entra y comienza a colocar ropa dentro de una mochila. Allí junto a la puerta de su cuarto estaba su sobrina preguntándole qué estaba haciendo. El trata de escapar de la situación pero ella insiste interrogándole si iba a buscar a su abuelo. “El abuelo jamás aparecerá” – le informa con lágrimas en sus ojos, le da un fuerte abrazo y sale de su hogar. Pero afuera había varios móviles policiales y el agente Marcos le apuntó en la cara finalmente para apresarlo y llevarlo a la comisaria 27ª.
Solos en una habitación, Marcos le interroga queriendo saber dónde estaba esa caja. Gaspar permanece callado y sin levantar su mirada. “Incluso si me dices dónde está… ¡puedo darte dinero para que hagas desaparecer a cierta gente de mi vida!” – manifestó el policía muy seguro de su propuesta y captando su atención. Pero decide aguardar en silencio por lo cual es puesto en una celda junto a dos malhechores.
Mas tarde, el agente brinda información a los medios de Arroyo Seco sobre la detención. Habla de la seguridad de haber apresado al responsable de las desapariciones pero no da detalles de la manera en la que sucedieron, “ni tampoco sabemos dónde se encuentran las personas buscadas” – detalla frente a varios micrófonos. Así es, mediante el noticiero local, como la familia de Gaspar se entera de lo ocurrido: su madre muy confundida abrazada a su hija, la pequeña Damaris con temor y Tania sentada en un sofá por largos minutos y sin poder decir algo hasta que finalmente se incorpora y sale.
Media hora más tarde, por la dependencia policial, pasó Gisel intentando ver a su ex pareja. Como se lo negaron, solo le dejó un chocolate que el guardia, a punto de finalizar su turno, se lo acercó a la celda. La chica terminó mirando los peluches de El Indiecito deseando que Gaspar se acuerde de ella en el momento difícil que estaba atravesando.  
¡Qué hacemos cuando no hay más nada para hacer! Es en esos segundos donde pensamos que hubiera sido mejor no haber nacido que estar pasando por ese momento difícil, allí cuando solo tenemos a nuestro lado gente que desconoce lo que nos pasa y que difícilmente pueden ayudarnos. Instantes en los que preferimos desaparecer por completo. No obstante, aun en los lugares más oscuros también aparecen los destellos de luz.
Cuando el silencio reinaba en la comisaria y las agujas del reloj marcaban las cinco horas de la madrugada, una agente de policía se acerca a la reja y lo despierta. Traía un enorme regalo: “Gaspar… ¡no sé que es! Pero se acercó una chica que te dejó este regalo. Dijo que eran unos dulces y que te ama mucho.” La inocente policía abre la reja, coloca el paquete en el suelo del interior de la celda, cierra la misma y se retira para continuar con su guardia.
Gaspar quita el envoltorio y junto a la caja se encontraba una carta que rezaba: “¡Parece que solo funciona con vos! ¡No la uses para mal! Te amo.” Y la firma de la nota era la de Tania. Además había un anotador y una birome. Apela a un poco de su astucia y llama a la empleada que sutilmente se acerca a la reja. Le agradece por el gesto y luego de varios minutos de intercambio de palabras, le pregunta su nombre y apellido. La oficial se lo brinda, el lo anota en una hoja que finalmente introduce en la caja. En un pestañeo, el cuerpo de la mujer se esfuma dejando su ropa en el suelo. Por último, extrayendo la llave entre el uniforme, abre la reja y logra escaparse.
Corre en dirección a las vías pero antes se topa con su novia que lo esperaba sentada en la vidriera de la zapatería de San Martín y 9 de Julio. Cruzan las calles y se esconden entre los enormes galpones del predio de la estación de trenes.


(continúa en la próxima edición)

La Posta Hoy - 16/11/2013

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