sábado, 9 de noviembre de 2013

SIETE (parte 8)



Existen puntos finales a todas las cosas que hacemos. Aun para aquellas que son consecuencias del mal uso de un poder que podamos conseguir. Ocurre que muchas veces, esos finales acontecen cuando menos los esperamos… y ahí nos damos cuenta que pese a tener poder, somos vulnerables. Para Gaspar, eso que lo convertía en poderoso era una caja con la habilidad de hacer desaparecer a cuanto nombre se depositara dentro de ella. Y también para él, el final estaba por llegar.
A la medianoche, Gaspar es despertado por la sirena del movil policial que se acercaba a su casa. Rápidamente se viste, toma la caja y sale por el patio en el mismo momento que el agente Renato llamaba a la puerta y Nerina se despertaba para abrirle. Salta el tapial que lo separaba de la casa vecina, esquiva el ataque de un perro atado y corre hacia la calle.
El ladrido del animal alerta al agente indicándole que algo estaba pasando en la cuadra. Con su radio pide refuerzos al comando radioeléctrico justo cuando Nerina abría la puerta siendo escoltada por su hija. Renato le informa que buscaba a Gaspar, la madre camina hasta el cuarto y le comunica que no se encontraba. Sale de la casa para mirar en toda dirección y las mujeres se quedaron observando sin comprender lo que estaba ocurriendo.
Gaspar salta unos arbustos y corre hacia la ruta. Siempre camina mira hacia atrás. Para cuando atraviesa la calle cercana a la capilla San Cayetano, en la curva frente al hospital el móvil policial toma la ruta y va tras el quien acelera sus pasos. Toma la calle San Nicolás, huye en dirección al rio, atraviesa un enorme zanjón y se dirige al bote club. Cerca de una cancha de fútbol, a oscuras, se frena para descansar. Se sienta bajo un árbol abrazando la caja y dispuesto a colocar en ella otros nombres. Pero divisa que desde el camino al Rowing, un auto se acerca al lugar.
Ahora corre hacia el campo entre los surcos del sembrado. Se esconde detrás de un enorme cañaveral y así la policía pasa frente a él pero sin verlo. Por momentos, respira tranquilo.  A los cinco minutos, camina en dirección al Centro Médico y allí se detuvo para divisar algo con lo que no esperaba encontrarse en ese contexto. Nota que justo en la esquina donde finaliza una estancia, estaba de pie una persona que solo miraba hacia el piso. Apenas podía ver su silueta y se anima a saludar pero no es correspondido. Se acerca lentamente suponiendo incluso que su vista le estaba engañando y a pocos metros la persona levanta su mirada provocando que Gaspar huya asustado al descubrir que allí estaba Mario.
Corre hacia el rio muy espantado. Es ahí donde cree que todo lo que había hecho, comenzaba a llegar a su fin. Primero pensó que se trató de su imaginación, pero también tenía la plena seguridad de que se trataba de él. Corre y de a ratos mira hacia atrás, y como nadie lo sigue se detiene para apoyarse en una planta. Pero nota que una sombra se reflejaba en el piso proveniente de otra persona que estaba detrás de ese árbol.  Mira y descubre que Alfredo también estaba a centímetros de él.
Corriendo ingresa al Centro Médico para acercarse a una garita de seguridad. Allí podía haber alguien que lo auxiliara, alguien que le diera, tal vez, una respuesta a lo que estaba viviendo. Trepándose pasa sobre unas rejas y cerca del puesto de seguridad, descubre que no había nadie en aquel lugar. Nadie al menos por unos pocos segundos. Porque cuando se aproxima a pasos medidos una silueta comienza a aparecer hasta tomar la forma exacta de su padre. “¡No puede ser!” – manifestó, abrazó fuertemente la caja y corrió hacia un quincho en el que podía verse algunas luces encendidas.
No obstante, antes de llegar al salón, las luces de un auto que estaba en la oscuridad se encienden y se acercan hacia él a alta velocidad. Finalmente el coche conducido por Renato termina por arroyarlo provocando que Gaspar golpee su cabeza contra el parabrisas y despierte de su sueño sobresaltado. Se sienta en la cama muy agitado, enciende la luz del cuarto y busca en su billetera la tarjeta que el investigador le había entregado. Cuando la encuentra, transcribe el nombre en un papel y lo coloca en la caja.
El detective iba por la calle H. Primo, pasa la calle San Martín en dirección a las vías y frente a la heladería Llao-Llao termina por desaparecer. El vehículo se frena bruscamente, tumba, colisiona con una camioneta estacionada en el lugar y acaba por clavarse contra unos postes a metros del monumento a los bomberos voluntarios. Rápidamente, muchas personas comienzan a acercarse al lugar sorprendiéndose que nadie estuviera al volante del auto. Y sobre la vereda, muy asustada, permanece Tania que había huido de la comisaria por una puerta trasera.



(continua en la próxima edición)

La Posta Hoy - 09/11/2013

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