sábado, 17 de enero de 2015

YOLI EN EL BOULEVARD


Yoli es una mujer que sale todas las tardes a hacer ejercicios en el boulevard Mansueto Maiorano. Y en una de esas noches, inicia el recorrido en calle H. Primo cruzándose con otra dama muy delgada que camina en sentido contrario; entonces así inicia su camina embroncada por la envidiable figura de aquella mujer que pasó a su lado: “¡no puede tener ese cuerpo! ¿Para qué viene a caminar acá? Eso seguro lo hace para dar envidia a otras” -  murmura.
A media cuadra ya quiere abandonar la caminata pero se motiva nuevamente cuando recuerda el lechón y las cosas dulces que ingirió en las últimas fiestas: “tengo que bajar estos kilos… ¡comí como una loca! Encima esos panetones caseros de mi suegra me cayeron como una bomba” -  concluye mientras inicia un trote.
No llegó a cansarse y tuvo que luchar con la tentación del olor a milanesa y papas fritas de unos comensales ubicados en la vereda del restaurant Los Hijos del Rey. Allí cerró los ojos, reprendió a Satanás y siguió adelante: “¡Me quiere detener pero debo tener voluntad propia y seguir caminando! ¡Debo ser fuerte!” – reflexiona.
Baja la primera calle y por pocos centímetros no es atropellada por un vehículo que hace sonar su bocina fuertemente. Al volver a la vereda analiza porqué pudo el conductor haberle tocado la bocina: “¿Será porque no vi el auto? ¿O será porque le gusté? Después de todo… no estoy tan gorda; tal vez no tenga una mala silueta pera el” – piensa; “además, no está mal tener unos kilos de más, antes que esas raquíticas que toman sol cada día a la orilla de la pileta de Unión… ¡no sé qué hago en este chanchódromo!”
Luego se acuerda de la cena de la noche anterior donde puso una tarta de jamón y queso sobre su mesa. Su esposo comió dos porciones y se fue a la cama, ella luchó mucho contra lo que veía y antes de guardarla en la heladera, terminó por limpiar el plato comiéndose lo que quedaba. “Me zarpé anoche” -  se culpa;  “la nutricionista me dijo que una sola porción estaba permitida pero no lo pude manejar. ¡Tengo que seguir caminando por este lugar para bajar esos kilos.”
Después de trotar una cuadra, se apoyó sobre un árbol y bebió de su cantimplora. Ahí se tomó el tiempo para analizar los consejos de la nutricionista y de cuántos de ellos había desestimado: “¡Encima me cobró caro cada consulta! Igualmente mucho no me cierra la dieta que me da porque ella misma está pasada de peso; así que no me puede venir a decir algo a mí” -  concluye.
Se cruza al kiosco y se compra un Fantoche triple. Y para cuando regresa al boulevard, para retomar el ejercicio, pisa  caca de perro y vuelve a renegar: “¡Esto me pasa por criticar a la nutricionista y comerme el alfajor! Seguro que Dios puso esta caca para castigarme” – reflexiona. Y abandonó la mitad del Fantoche y volvió al trote.
A los cincuenta metros volvió a frenarse ya con la idea de abandonar nuevamente el ejercicio. Pero para cuando quiso irse del lugar, notó que una cámara de Canal 2 estaba tomando imágenes de la ciudad, entonces aceleró su trote para evitar ser tomara por la misma. E incluso comenzó a correr cuando pasó frente al camarógrafo y miró en sentido contrario al ojo de la cámara.
Ya cerca del monumento a Eva Peron, se sentó en un banco para tomar fuerzas. Intentó descubrir a quién correspondía el busto que estaba junto al de Evita pero no lo logró: “¡Tal vez sea un monumento a Piñón Fijo u Homero Simpson”- piensa. Y luego inició la caminata tras pedir fuerzas a Ceferino Namuncura.
A los pocos metros se sorprende cuando a su lado pasa un corredor a toda velocidad. “¡Qué envidia no poder correr como él”- fue su pensamiento. Sin embargo Yoli ignoraba que al rato pasaría un móvil del Comando Radioeléctrico tras el hombre quien se había escapado de la Seccional 27ª. Finalmente unos oficiales atraparon al delincuente que con una sonrisa subió al móvil policial sabiendo que le esperaba una celda con aire acondicionado, televisor led, microondas, pileta, wi-fi y home teather.

Tras detenerse para presenciar el momento donde apresaban al caco, Yoli siguió caminando a pasos lentos: “bueno, tal vez tenga que irme… ¡después de todo hoy no comí mucho así que tengo poco para bajar!” – se motivó a sí misma. Pero para cuando iba a cruzar la calle en dirección a la estación de trenes, volvió a cruzarse con la esbeltica mujer del principio de su recorrido, e indignada regresó al ruedo: “¡voy a seguir hasta tener ese cuerpo! ¡Esa mujer no me va a ganar!”

La Posta Hoy - 17/01/2015

No hay comentarios:

Publicar un comentario