Yoli
es una mujer que sale todas las tardes a hacer ejercicios en el boulevard
Mansueto Maiorano. Y en una de esas noches, inicia el recorrido en calle H.
Primo cruzándose con otra dama muy delgada que camina en sentido contrario; entonces
así inicia su camina embroncada por la envidiable figura de aquella mujer que
pasó a su lado: “¡no puede tener ese cuerpo! ¿Para qué viene a caminar acá? Eso
seguro lo hace para dar envidia a otras” -
murmura.
A
media cuadra ya quiere abandonar la caminata pero se motiva nuevamente cuando
recuerda el lechón y las cosas dulces que ingirió en las últimas fiestas:
“tengo que bajar estos kilos… ¡comí como una loca! Encima esos panetones
caseros de mi suegra me cayeron como una bomba” - concluye mientras inicia un trote.
No
llegó a cansarse y tuvo que luchar con la tentación del olor a milanesa y papas
fritas de unos comensales ubicados en la vereda del restaurant Los Hijos del
Rey. Allí cerró los ojos, reprendió a Satanás y siguió adelante: “¡Me quiere
detener pero debo tener voluntad propia y seguir caminando! ¡Debo ser fuerte!”
– reflexiona.
Baja
la primera calle y por pocos centímetros no es atropellada por un vehículo que
hace sonar su bocina fuertemente. Al volver a la vereda analiza porqué pudo el
conductor haberle tocado la bocina: “¿Será porque no vi el auto? ¿O será porque
le gusté? Después de todo… no estoy tan gorda; tal vez no tenga una mala
silueta pera el” – piensa; “además, no está mal tener unos kilos de más, antes
que esas raquíticas que toman sol cada día a la orilla de la pileta de Unión…
¡no sé qué hago en este chanchódromo!”
Luego
se acuerda de la cena de la noche anterior donde puso una tarta de jamón y
queso sobre su mesa. Su esposo comió dos porciones y se fue a la cama, ella
luchó mucho contra lo que veía y antes de guardarla en la heladera, terminó por
limpiar el plato comiéndose lo que quedaba. “Me zarpé anoche” - se culpa;
“la nutricionista me dijo que una sola porción estaba permitida pero no
lo pude manejar. ¡Tengo que seguir caminando por este lugar para bajar esos
kilos.”
Después
de trotar una cuadra, se apoyó sobre un árbol y bebió de su cantimplora. Ahí se
tomó el tiempo para analizar los consejos de la nutricionista y de cuántos de
ellos había desestimado: “¡Encima me cobró caro cada consulta! Igualmente mucho
no me cierra la dieta que me da porque ella misma está pasada de peso; así que
no me puede venir a decir algo a mí” -
concluye.
Se
cruza al kiosco y se compra un Fantoche triple. Y para cuando regresa al
boulevard, para retomar el ejercicio, pisa caca de perro y vuelve a renegar: “¡Esto me
pasa por criticar a la nutricionista y comerme el alfajor! Seguro que Dios puso
esta caca para castigarme” – reflexiona. Y abandonó la mitad del Fantoche y
volvió al trote.
A
los cincuenta metros volvió a frenarse ya con la idea de abandonar nuevamente
el ejercicio. Pero para cuando quiso irse del lugar, notó que una cámara de
Canal 2 estaba tomando imágenes de la ciudad, entonces aceleró su trote para
evitar ser tomara por la misma. E incluso comenzó a correr cuando pasó frente
al camarógrafo y miró en sentido contrario al ojo de la cámara.
Ya
cerca del monumento a Eva Peron, se sentó en un banco para tomar fuerzas.
Intentó descubrir a quién correspondía el busto que estaba junto al de Evita
pero no lo logró: “¡Tal vez sea un monumento a Piñón Fijo u Homero Simpson”-
piensa. Y luego inició la caminata tras pedir fuerzas a Ceferino Namuncura.
A
los pocos metros se sorprende cuando a su lado pasa un corredor a toda
velocidad. “¡Qué envidia no poder correr como él”- fue su pensamiento. Sin
embargo Yoli ignoraba que al rato pasaría un móvil del Comando Radioeléctrico
tras el hombre quien se había escapado de la Seccional 27ª. Finalmente unos
oficiales atraparon al delincuente que con una sonrisa subió al móvil policial
sabiendo que le esperaba una celda con aire acondicionado, televisor led,
microondas, pileta, wi-fi y home teather.
Tras
detenerse para presenciar el momento donde apresaban al caco, Yoli siguió
caminando a pasos lentos: “bueno, tal vez tenga que irme… ¡después de todo hoy
no comí mucho así que tengo poco para bajar!” – se motivó a sí misma. Pero para
cuando iba a cruzar la calle en dirección a la estación de trenes, volvió a
cruzarse con la esbeltica mujer del principio de su recorrido, e indignada
regresó al ruedo: “¡voy a seguir hasta tener ese cuerpo! ¡Esa mujer no me va a
ganar!”
La Posta Hoy - 17/01/2015
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